• El restaurante italiano más alto del mundo

    Hoy nos hemos pasado todo el día en el coche, recorriendo los barrios de Gushu y de Nanshan, de reunión en reunión y por la tarde estábamos agotados por completo. Así que de vuelta en el apartamento nos hemos dado una merecida ducha y nos hemos ido a la zona bursátil a un centro comercial que nada tiene que envidiar de los shopping mall estadounidenses y hemos ido a cenar al Elba, el restaurante italiano más alto del mundo. Aunque como me dijo mi amigo Marcos, el restaurante del refugio Vittorio Emmanuelle está más alto.

    El Elba está situado en la plata 99 del edificio Kingkey 100, una mole de 442 metros de altura y decimocuarto edificio más alto del mundo. Los precios también son de impresión. La copa de vino está a 28€ así que con eso os lo digo todo.

    Hemos tenido la fortuna de probar la ternera de Kobe y de disfrutar de unas vistas de escándalos de esta metrópolis que se extiende hasta el horizonte. El cocinero italiano, Mauro, hablaba algo de español y nos ha tratado con mucha amabilidad. Es lo que se espera de restaurantes como estos, en los que te acompañan hasta el ascensor al despedirse de ti.

    Ahora vamos a descansar que mañana queremos hacer algo de turismo además de algo de trabajo. Por cierto, Gabi ya tiene su maleta y ya estamos todos tranquilos al respecto.

    DieQuito

     

  • Visitando Dongguan

    Hoy después de la reunión matinal hemos ido a Dongguan, en donde hemos comido con el hermano de mi amigo, antiguo jefe y finalmente amigo (por este orden) Jorge, que lleva más de una década viviendo en esta ciudad. Nos ha llevado a un restaurante tradicional y han sacado las típicas patas de gallo, tan habituales aquí, que tienen un aspecto espantoso pero que no están del todo mal.

    Dongguan es una ciudad que forma parte de esta megalópolis en la que viven más de 100 millones de personas: Shenzhen, Cantón, Dongguan y Hong Kong. El Delta de la Perla es la aglomeración urbana más grande del mundo y se nota en que desde Dongguan a Shenzhen, en un viaje en coche de más de 1 hora nunca dejas de ver terreno urbano, edificios y miles de personas por todos los sitios.

    Por la tarde nos hemos trasladado a Shenzhen, dejando atrás para siempre el «Secadero de jamones» con ínfulas imperialistas y nos trasladamos al distrito de Nanshan, en pleno Shenzhen. Hemos ido en coche eléctrico y lo hemos tenido que recargar a mitad, en una estación de servicio que tenía «el wc más sucio de Escocia»

    Al llegar, nos hemos encontrado con unas calles repletas de rascacielos de 100 o 200 metros de altura y aceras con pavimentos nuevos. Una zona muy cool que rivaliza con la área bursátil de Shenzhen. Aquí hemos alquilado un apartamento para 3 noches.

    La mejor noticia del día ha sido que nuestras maletas estaban ya en el aeropuerto de Shenzhen y hemos ido a por ellas. La de Gabi no porque llevaba mechero y ha tenido que dar permiso para que la abran y lo requisen. Mañana por fin tendrá su equipaje

    DieQuito

  • Tiempo libre por Shenzhen

    Un «secadero de jamones» (como el de la foto de arriba); así es como Juan Luis ha calificado a la habitación del Vienna Hotel en la que solo nos ha faltado ver pingüinos paseándose con su torpe caminar. La habitación de la última planta tiene las paredes de cristal, y eso hace que la temperatura del interior sea bajísima. Tampoco hemos sido capaces de encontrar mantas…. tan negras me las he visto que me he puesto el vaquero a mitad noche para poder dormir.

    Aún así, no ha quedado otra que desayunar (en China desayunan sopas de verduras) y ir a cumplir nuestro cometido. En la comida posterior a la reunión hemos probado las delicias de la gastronomía china, tan denostada en nuestro país por culpa de los restaurante de comida rápida que han colonizado nuestros barrios.

    Hacia el final de la tarde hemos tenido por fin un rato para nosotros y hemos decidido ir a Shenzhen. La aventura ha llevado más trabajo de lo que pensábamos porque hemos invertido casi dos horas (sin exagerar) buscando el metro y tratando de comunicarnos con los simpáticos orientales. Ni el traductor de Google, ni los gestos, ni imágenes de un tren subterráneo han servido para conseguir información al respecto… culturas distintas, será.

    Al final hemos optado por un taxi, que nos ha llevado al centro neurálgico de Shenzhen, donde unos rascacielos oscuros como el azabache e iluminados por unas rayas en diagonal nos han dejado sin palabras. Hemos entrado en un Pizza Hut, nos apetecía comida occidental esta noche, pero nos han pasado dos cosas graciosas: no venden agua mineral (alucinante) y hemos pedido por error una pizza de kéfir que olía a perro muerto; yo ni siquiera la he probado; me ha bastado con ver la cara de repulsión que han puesto mis compis.

    Volvemos a estar en el «secadero de jamones» y nos disponemos a pasar la noche, esta vez ataviados con mantas y más experiencia. Si paso frío de nuevo pediré que me cambien de habitación a mitad de la noche.

    PD: seguimos sin noticias de nuestro equipaje

    DieQuito

  • Llegada a China

    Ya estamos en Dongguan, tras un viaje con escala en París y Pekín. Un largo periplo que comenzó de forma ajetreada porque nuestra salida del vuelo desde Madrid se retrasó casi 1 hora. Esto desencadenó en lo siguiente: todavía estábamos rodando por la pista del aeropuerto Charles de Gaulle, recién aterrizados, cuando me llegó un SMS informándome de la última llamada de nuestro vuelo a Pekín.

    La carrera entre terminales fue de las que no se olvidan. Juan Luis comentó que ir corriendo por los grandes pasillos atiborrados de tiendas, trolley en mano, parecía un videojuego. Huelga decir que fuimos los últimos en embarcar, con la mala fortuna de que nuestras maletas se han quedado en París y ya veremos cuando las recuperamos. En Pekín hemos presentado la reclamación en la sección de equipajes extraviados pero todavía sigo pensando que vamos a tardar en volver a ver nuestras maletas (capillica, lo veo venir)

    El aeropuerto de Shenzhen es el más increíble que he visto hasta el momento, con su imponente panal que se sostiene como por arte de magia a una veintena de metros de tu cabeza. Enorme y futurista, deja huella en cada viajero que lo pisa. Pero a pesar del extravío de las maletas, China nos ha recibido con amabilidad. La casa de cambio de divisa estaba cerrada y solo teníamos Euros, ergo: problema para el taxi, así que me he acercado a un Costa Cafe a ver si me dejaba pagar con euros y me devolvían yuanes… pero el empleado lo tenía prohibido. De repente, una china de la cola se ha acercado y nos ha dado 100 yuanes diciendo (i think it will be enough). Una completa desconocida nos ha dado 15 euros, así por las buenas. Nunca me había pasado antes.

    El taxista se ha perdido de camino al hotel, y al final el viaje ha ascendido a 115 yuanes, que no teníamos forma de pagar. Primera discusión a grito pelado en Asia, pero el chino no ha cejado en su empeño y ha conseguido que el hotel le diera los 15 yuanes, y luego nos lo sumaran a la factura final del alojamiento.

    El Vienna Hotel en el que nos hemos alojado es muy trumpiano; con las paredes forradas de terciopelo, pinturas neoclásicos, frisos, figuras doradas y madera barnizada; y nos han asignado una suite de juegos con tres grandes habitaciones y dos baños. Pretendían cobrarnos más por la mesa de baccarat aunque me he negado en rotundo; si no tienen otra habitación es su problema. Como veis, una de cal y otra de arena

    En fin. Hora de dormir que ya estamos cansados después de más de 1 día viajando.Parece que hace mucho frío en esta habitación, ya os contaré mañana.

    DieQuito

  • El vídeo del Cervino

    Os dejo a continuación el vídeo sobre el intento de ascensión al Cervino. No llegamos a buen puerto pero las imágenes dan fe de la experiencia vivida.

    DieQuito

     

  • Viaje de regreso 2: por fin en casa (día 10)

    Teníamos previsto madrugar pero cuando yo me he desvelado era todavía de noche. Tampoco había tanta urgencia por abandonar este motel de carretera que recordaba a las películas de mafia y asesinos a sueldo, pero las ganas de regresar siempre están ahí tras un viaje agotador.

    Mis vacaciones han llegado a su fin, pero el Cervino realmente era un periplo en el que el objetivo final nublaba el sentimiento vacacional de otros viajes. Hoy nos hemos comido una panzada de 800 kms, 400 a través de Francia y otros tantos ya en España. Lo más reseñable ha sido una niebla densa que también recordaba a películas, aunque en este caso de terror, que gobernaba todo el paisaje en los alrededores de Montpellier y que filtraba la luz solar (ver imagen)

    Por lo demás, un viaje sin contratiempos, que es algo de agradecer cuando se viaja por carretera en lugar de por avión. Esperemos que con este grupo el próximo viaje sea al otro lado del charco, para que tengamos que comprar billetes de avión por narices ; ).

    Hasta pronto queridos amigos, espero poder volver a organizar aventuras muy pronto. Por último, muchas gracias de nuevo a los patrocinadores que han hecho este viaje posible: Eboca, Universidad San Jorge, Turispain y Delicias del Guadalope. Mil gracias de todo corazón.

    DieQuito

  • Viaje de regreso 1: Annecy y Valence (Día 9)

    Hoy, Cervino 2017 ha empezado su grand finale. A primera hora y poco después de recoger el apartamento de Täsch, hemos puesto rumbo hacia Valence, nuestro punto intermedio en el viaje de regreso. Felizmente, decidimos que con una panzada de 1300 kms del tirón era suficiente y que a la vuelta haríamos el viaje en dos tandas.

    Poco después de salir de Suiza, nos hemos detenido a comer en Annecy, el pueblo en el que un enchufado Alberto Contador realizó una contrarreloj de leyenda en el Tour del 2009. Este pueblo tiene una villa antigua preciosa en la que destacan el Palacio de la Isla y unas callejuelas preciosas. También tiene canales, el puente del amor y un lago precioso con vistas a la cordillera de los Alpes. Una parada más que recomendable.

    Minutos después de terminar la comida hemos proseguido nuestro viaje hacia Valence, el pueblo en el que teníamos reservado el motel.

    Hemos tenido suerte y al lado del motel hay un circuito de karts indoor a dos niveles que Marcos y yo hemos sido incapaces de resistir a probar y nos hemos pegado una buena picada sobre el asfalto.

    Después de cenar hemos ido a visitar el centro de Valence ya en plena oscuridad. La catedral de St Apollinaire es bien bonita, aunque la ciudad estaba muy tranquila por ser entre semana y tan solo nos hemos comido un helado antes de irnos a descansar.

    DieQuito

  • No había camino en el laberinto (Día 8)

    Reseña de un intento infructuoso de ascensión al Cervino por la cara norte

    Calma tensa

    A las 4 de la madrugada sonó “Bad kingdom” de Moderat. Me apoyé en el frío cristal de la ventana tratando de vislumbrar algo en la oscuridad y una manada de estrellas me dio la bienvenida. Sonreí, dando gracias porque la meteorología era buena en el día D hora H. Era el momento de prepararse.

    Tras equiparnos para la ascensión, bajamos a desayunar. Mientras degustábamos un poco de queso emmenthal, mermelada de naranja, pan de centeno y café soluble se palpaba una calma tensa. Sabíamos que ahora comenzaba lo serio y que hasta el amanecer no sería agradable avanzar por aquellas paredes de roca.

    De Hörnli no sale nadie antes que los guías y, por lo tanto, hasta las 4:50 no fue posible comenzar la ascensión. Esto ya truncaba mucho nuestros planes y por ello nos pusimos como límite coronar a las 11:30 de la mañana, para poder bajar sobre las 21:00 0 22:00 horas a Zermatt. Todo iba muy justo ya desde el principio. El plan no permitía ni un imprevisto.

    Abotellamiento

    Tras avanzar los primeros metros en horizontal hasta el comienzo de la arista, nos topamos con un primer atasco en las cuerdas fijas. Unas 20 personas ascendían por la grieta mientras que otras tantas esperaban pacientes su turno para actuar. Ahí, esperando, espeté mi primera impresión: -“Así es imposible llegar a la cima, con semejantes atascos”. Como consecuencia del embotellamiento, no pudimos comenzar la ascensión hasta pasadas las 5 y 15 y con los guías, nuestros faros, alejándose de nosotros de forma exponencial.

    Una vez superada la grieta, la hilera de frontales se extendía sobre nosotros en la hueca oscuridad, dando tumbos, como confusas luciérnagas. Nos resultaba muy complicado seguir la ruta y nos la inventamos un poco, pasando por una zona de roca suelta. En ese momento, Alejandro desplazó sin querer una roca del tamaño de una maceta. Avisaron tanto él como David: “¡¡piedra, piedra!!”, pero Marcos y yo no tuvimos ni tiempo de reaccionar, tan solo nos encogimos de hombros llamando a nuestra suerte. La piedra cayó a tan solo un metro de nosotros. La calma se había esfumado de un plumazo.

    Más problemas

    Unos metros más arriba, Marcos hizo un apunte: “Buf, llevamos 20 minutos y me siento como si llevará muchas horas”. Este comentario lo sentí como si me hubieran dado un calambrazo en la espina dorsal… Marcos siempre está más fuerte que yo. Es un portento físico y aquellas sensaciones no indicaban nada bueno. Continué ascendiendo preocupado y pensativo.

    Minutos más tarde Marcos le pidió a David y a Alejandro que esperaran, tenía algo que decirles.

    • -“Me voy para abajo, no me siento nada bien. Probablemente es un tema mental, no me veo, no tengo el día…” En sus ojos se veía tristeza y sentimiento de frustración.
    • David le respondió dándole ánimos: -“Vamos Marc, unos metros más. No ves que no vamos a poder hacer cima, hemos ido a matacaballo y los guías se están marchando”
    • -“Tampoco es un problema de ritmo, este ritmo podemos llevarlo y él el primero, a Marcos le pasa otra cosa” añadí yo.
    • Marcos se sentía decepcionado y algo culpable -“Lo siento tíos” dijo, mirando hacia el suelo.
    • -“Que no digas lo siento ni una vez más” replicó Alejandro hablando por todos.

    Pasaron unos minutos más y David se ofreció para asegurar a Marcos en la bajada hasta el refugio. Con sus años de experiencia en escalada era el que mejor le podía asegurar en el descenso. Alejandro y yo esperaríamos cobijados el regreso de David.

    Esperando al sol

    En un recoveco, protegidos del frío, Alejandro y yo contemplamos un amanecer de los que se quedan grabados en la retina. Venus reinaba en el firmamento, reflejando la luz del astro rey y anunciando su llegada. En el ambiente el protagonista era un silencio que atronaba. Los dos sabíamos que la cima, ya de por sí difícil, se había desvanecido casi por completo. Pero cuando la mente no responde, no hay nada que hacer y es algo que nos puede pasar a todos.

    A pesar de que todo se había torcido, en mi cabeza, siempre optimista, merodeaba el sentimiento de que habíamos venido a luchar, y que había una partida por jugar, aunque fuera con una hora y media de retraso. Quizás si no teníamos problemas para encontrar la ruta y marcábamos un ritmo fuerte podríamos llegar muy arriba, quién sabe hasta dónde, quizás hasta la cumbre.

    Por fin, a las 6:30, David volvió a aparecer con su frontal, sudoroso por haber cubierto el desnivel de la forma más ágil posible. Alejandro y yo, por el contrario, estábamos fríos tras esa espera de 40 minutos a la luz de un alba anaranjada que seguíamos contemplando embelesados. Marcos ya estaba en el refugio, afortunado él.

    En busca de señales

    Lanzamos la vista hacia arriba y no había ni rastro de las otras luces que antes nos marcaban el camino. Seguramente ya no las necesitaban. Nosotros también apagamos el frontal y proseguimos la ascensión una vez montada la cordada de tres. La ruta del Cervino por la cara norte está señalada, pero muy sutilmente, probablemente para que los guías sean los auténticos dueños y señores de esto. Sin ellos, que se conocen el camino, avanzar por aquí es como introducirse en un laberinto de roca en el que las posibilidades de encontrar un callejón sin salida son enormes.

    Fuimos viendo flechas rojas, puntos azules, alguna cuerda fija, y empezamos a avanzar con seguridad, sin mirar hacia el abismo que se abría a nuestras espaldas.

    Desorientados

    A las dos horas de ascensión, la ruta se hizo más y más inescrutable. Los caprichos de la roca ofrecían pasos sencillos que desembocaban en caminos imposibles. El principio de la cordada se asomaba por un lado y daba su impresión al respecto. El final de la cordaba se cruzaba hacia la otra cara de la arista para ver si era posible avanzar por allí. Estábamos perdiendo un tiempo irrecuperable y la cima ya era algo imposible a esas horas de la mañana (8:30). El trazado de mi GPS da fe de los bandazos que dimos por la montaña en busca de la ruta.

    Recuerdo muy bien un sobresalto. Alejandro se agarró a una piedra de más de 50 kilos que se movió y que amenazaba con caérsele encima. Se las arregló para depositarla de nuevo, pero tuvimos que pasar con mucho cuidado por aquel punto, sin tocarla. Aquella montaña se estaba comportando como una fiera indomable.

    Hablo por mí, aunque imagino que, en lo más profundo de nosotros, todavía reverberaba la sensación de que si Marcos, uno de los chicos más valientes que conozco, se había dado la media vuelta, quizás todos deberíamos haber hecho lo mismo.

    Desmoralizados

    Fue en aquel lugar, a una cota de 3700 metros aproximadamente, desde donde ya se podía contemplar la cabaña de Solvay en la lejanía, cuando decidimos que, si era imposible llegar a la cumbre, no tenía sentido seguir ascendiendo para arriesgarse tanto en la bajada. Teníamos unos 500 metros de desnivel que descender hasta el refugio. Había que asegurar, montar algún rapel y bajar con mucho cuidado para no sufrir un resbalón que pudiera desembocar en un problema fatal para toda la cordada. Seguir subiendo era una opción muy necia y arriesgada, especialmente si tenemos en cuenta que la meteorología para la tarde anunciaba lluvia.

    La decisión definitiva la tomamos cuando llegamos a una argolla para rapelar, que esperaba solitaria en un extraño lugar. Hacia arriba no parecía haber camino, y hacia los laterales tampoco. Solo quedaba descender. Nos hicimos unas fotos y la batalla por el Cervino había terminado para nosotros.

    Air Zermatt

    Al igual que encontrar el camino de subida había sido difícil, encontrar el de bajada nos puso sobre la mesa problemas similares. El helicóptero de Air Zermatt, o uno de ellos, comenzó a pasar por encima de nuestras cabezas. Alejandro dijo que le tranquilizaban. A mí en cambio me recordaban a los bombarderos de Dunkerque sobrevolando la playa del espigón que ha filmado Nolan con tanta maestría. Parecían estar controlando si nos las arreglábamos para encontrar el camino de descenso, aunque los rescates en el Matterhorn son tan habituales que quizás ni siquiera repararon en nuestra presencia. Luego vimos que descendía hacia el glaciar, lo cual nos parecía muy raro. Lo triste del asunto es que, al parecer, un alemán resbaló al vacío y cayó hasta el glaciar. 600 metros de caída. Fin. No le pongo ni cara, pero esa noche había cenado en la misma sala que ese muchacho que, a buen seguro, amaba la montaña y este espectacular pico.

    Retirada

    La bajada fue tan tensa como se preveía y aunque finalmente fuimos encontrando el camino con relativa facilidad, ninguno de los tres nos quisimos imaginar bajando aquellas paredes al límite de nuestras fuerzas. Por suerte, al haber subido tan solo hasta la cota 3700, íbamos muy frescos de físico.

    Al llegar al refugio la sensación de tranquilidad se adueña de tu persona. Has salido de la zona peliaguda, ahora solo quedan varias horas de caminatas por senderos hasta Zermatt. En Hornli, nadie pareció sorprenderse de nuestro regreso hacia el mediodía, ya que muchos son los que se dan la vuelta sin conseguir el preciado trofeo.

    Un largo paseo para la reflexión

    Bajando hacia Zermatt, decidí que quería llegar andando hasta casa, hasta Täsch, que son unos 6 o 7 kms más. Había mentalizado a mi cuerpo ya para una jornada muy exigente, de muchas horas, y estar bajando hacia Zermatt a la 1 de la tarde era muy descafeinado. Así pues, estuve caminando hasta las 16:30 de la tarde, desde el refugio Hornli hasta Täsch, habiendo descendido previamente desde unos 3700 metros. Tras 25 kms de caminata y 12 horas con las botas puestas, me sentí realizado a pesar de la ausencia de cumbre. Los amigos con los que he compartido esta semana valen más que miles de cimas. Solo puedo estarle agradecido a este grupo con el que ya coronamos el Mont Blanc el pasado año y con el que me quedan decenas de aventuras por delante.

    Yo he decidido que quizás sí vuelva a esta montaña, pero la condición sine qua non será la contratación de un guía que se sepa el camino, para evitar salirse de él, con el consiguiente riesgo de quedar enriscado o asumir compromisos innecesarios en pasos delicados que esperan a sus presas en los alrededores de la ruta correcta. Meditaré sobre ello, sobre si quiero conquistar esta montaña que en el primer asalto no nos ha dejado ni una mísera opción de victoria. No siempre se puede conseguir lo que se anhela.

    DieQuito.

    Nos despedimos de un Cervino nublado, ya pasado el mediodía

  • A los pies de la arista Hornli (día 7)

    Ya estamos en el refugio de Hornli y desde aquí, la montaña impone muchísimo. Una afilada arista se extiende hacia el cielo como advirtiéndote de que por allí no es el camino, pero para todos los montañeros que hoy están alojados en este refugio, esta noche será el único camino. El Matterhorn o Cervino ha sido un pico que ha centrado los sueños y esperanzas de todos los alpinistas, de muchas épocas, y desde que se ascendió por primera vez en 1865, ha sido un objetivo prioritario para todos los amantes de las montañas. Contemplándolo desde aquí abajo, no es de extrañar que haya sido así.

    Hoy el día se ha levantado cerrado en Täsch, con muchas nubes y lloviendo, sin embargo, al llegar a Zermatt, el cielo se había abierto y en Schwarzsee ya no había nada de tormenta.

    Hasta Hornli hemos subido a un paso muy tranquilo, guardando fuerzas para la ascensión. El refugio del Matterhorn es una especie de hotel de 4 estrellas tanto por precio como por el propio refugio en sí, siendo el mejor de largo en el que he dormido jamás. Después de comer hemos ido inspeccionar los primeros 150 metros de ruta, que esta noche nos tocará hacer en plena oscuridad. El Cervino te recibe con una cuerdas fijas nada más comenzar. Luego hay un tramo a pie con algunos pasos comprometidos. No hemos querido ascender más para guardar energía.

    De madrugada partiremos definitivamente hacia la cumbre. Pronto tendréis noticias nuestras.

    DieQuito

  • A recargar baterías (día 6)

    Víspera del ascenso al refugio de Hornli y por lo tanto día de reposo total. Hay que recargar bien las pilas que el fin de semana se plantea bastante exigente.

    Lo primero que hemos hecho por la mañana ha sido preparar las mochilas que nos vamos a llevar a la ascensión. También hemos adelantado con la maleta porque el domingo llegaremos muy tarde y el lunes a primera hora debemos dejar libre el apartamento.

    A mediodía he hecho el vídeo de la ferrata del otro día, con trozos filmados con la GoPro de David y con mi SJCam. Aquí os lo dejo para que lo disfrutéis a ritmo de AC/DC.

    Por la tarde, aburridos, nos hemos subido a Zermatt, a hacer algunas compras y a dar un pequeño paseo. Todo está listo para la gran ascensión y ahora os voy a dejar un pequeño cronograma para que os vayáis situando en lo relativo a los horarios.

    A primera hora subiremos a Zermatt para coger el teleférico hasta Schwarzsee, a 2600 metros. Desde allí caminaremos un par de horas hasta el refugio Hornli, ubicado al comienzo de la arista, a 3250 metros. A mediodía descansaremos un poco y por la tarde avanzaremos un poco hacia arriba para ir situando la ruta, al menos las dos primeras horas, que las haremos durante la noche cerrada. Volveremos antes de que anochezca, cenaremos y a dormir.

    Ya en la madrugada del domingo, a las 2:00 de la mañana, pretendemos despertarnos y salir del refugio antes de las 3 de la madrugada rumbo a la cima. Calculamos unas 7:30 horas de ascenso, fotos en la cumbre y unas 8 horas de descenso hasta el refugio, porque hay que montar innumerables rápeles.

    A las 18:30 estaríamos por lo tanto en el refugio de nuevo, pero hay que seguir bajando, 1400 metros de desnivel hasta Zermatt, porque el teleférico ya no funciona a esas horas. Así que calculamos unas 3 horas más de descenso. Sobre las 22:00-22:30, ya en plena noche, estaremos por fin en Zermatt, en donde tendremos que coger el tren hasta Täsch. Unas 20 horas de actividad non-stop.

    Esperemos que el cuerpo responda y el clima nos respete.

    DieQuito