• Isfahan y su increíble conjunto de mezquizas (Día 4)

    Antes de partir desde Kashan, hemos visitado la antigua mezquita, que es ahora una escuela coránica, y también los jardines de Fin, sin ser estos monumentos ninguna maravilla he conseguido por lo menos sacar un par de fotos muy buenas a unas señoras que se estaban lavando en unos de los rincones del garden.

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    El viaje a Isfahan ha trascurrido por territorios llamativamente más inhóspitos que los que pudimos ver ayer pasando por Qom hasta alcanzar Kashan. Las llanuras de esta mañana se extendían hacia el infinito, gobernadas por la aridez y una visión apocalíptica de las lejanas montañas.

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    En Isfahan nos hemos pasado toda la tarde en su monumental plaza y hemos entrado tanto a la Mezquita del Imam Jomeini como a la del Sheikh Lotfollah, con su impresionante cúpula, que estaba reservada únicamente para la realeza y tiene más de 500 años de antigüedad. Por otro lado, en la mezquita del Imam las cúpulas tienen una forma geométrica tan perfecta que si te colocas justamente en su centro puedes escuchar el eco de tus susurros y la reverberación de tus palmadas. Cuando estas en medio de su explanada, rodeado por las cúpulas y los minaretes, con sus cuidados azulejos e incripciones, tienes la sensación de estar en otra época.

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    Hay que decir que si bien de día la plaza central me ha parecido bonita, por la noche se ha convertido en una obra de arte por la tremenda iluminación de los monumentos y la quietud que reina en todo el entorno, solo quebrada por el sonido acuático de las fuentes centrales. Cuando han apagado dichas fuentes hemos podido hacer unas fotos espectaculares de dichos monumentos reflejados en la superficie del agua.

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    Para terminar hemos cenado en un restaurante tradicional un delicioso Dolmeh, que es una berenjena rellena de nueces, salsas y acompañada de unas bolas vegetales de un sabor muy intenso. No hemos conseguido saber a qué nos recordaba su sabor, pero estaban muy buenas.

    Mañana nos vamos hacia el desierto, si es que no estamos todavía allí.

    DieQuito

  • Qom y Kashan (Día 3)

    img_0707Behsan nos esperaba esta mañana sonriente en la puerta del Hotel Omid. Él va a ser nuestro conductor durante los próximos 4 días. Vestía una camiseta del Barça, supongo que para ganarse la afinidad de los turistas españoles a los que va a recoger, aunque conmigo, va bueno.

    Hemos salido de Teherán lo más rápido que hemos podido y nada más salir he visto cómo esta nación es perfecta para rodar exteriores de películas de ciencia ficción, como Argo. Respecto a Tehran, he conocido pocas ciudades tan anodinas y estresantes. Ahora llega el turno para el auténtico Irán. La primera parada de la mañana ha sido en Qom, uno de los centros religiosos del país y en el que los ya de por sí escasos turistas occidentales no suelen dejarse caer.

    La mezquita es una zona restringida para los no musulmanes. Nos hemos presentado como no confesionales y tras una serie de preguntas curiosas como por ejemplo: ¿qué hacéis los dos viajando solos? ¿Por qué no os habéis casado con una mujer todavía? También ha empezado a hablar de religión, y le he dicho que España fue musulmana durante muchos siglos, a lo que el taciturno guardián contrataco con un ¿Y por qué dejasteis de ser del Islam? (touché) Al final, tras darles algo de lastima, nos han dejado pasar para ver el complejo de la mezquita en donde se estaba celebrando un rito funerario. La decoración me ha parecido fascinante, sobre todo porque ayer no disfruté nada de este tipo de arquitectura en la capital.

    Hemos comprado luego los afamados pistachos iraníes para seguir el viaje de una hora más hasta Kashan. Al llegar a esta ciudad de color beige hemos ido al restaurante Abbasi, una preciosidad de lugar con un patio árabe y en el que come sentado sobre unas plataformas elevadas, al estilo tradicional. He probado el Kashk-o-bademjan y la carne de camello, en une estofado delicioso. Luego un café turco nos ha sacado del sopor del viaje y ha llegado el turno de visitar Kashan.

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    La primera parada ha sido la Tabatabai house, una antigua mansión con un gusto estético exquisito. La mansión tenía un sinfín de estancias, patios al aire libre y porches con arcos cargados de decoración arábiga.

    Acto seguido, nos hemos acercado a los baños del Sultán, que están muy cerca. Allí nos ha llamado la atención tanto su interior, con un alicatado precioso, como su tejado coronado por unos impresionantes tragaluces. Allí, en lo más alto de los baños, he grabado el canto del muecín mientras caía el sol, una escena de las que siempre nos persiguen en las películas relacionadas con el Islam.

    Tras el crepúsculo hemos ido al bazar de Kashan, que es mucho menos grande que el de Teherán, aunque tiene algunos rincones con encanto, como la plaza de la fuente y una tetería ubicada en unos antiguos baños en los que hemos degustado un delicioso té a la menta.

    La gente de Kashan me ha parecido amable y muy honesta, con un particular pasotismo a la hora de venderle cosas al turista. Cuando te quieres dar cuenta ya se han ido a la otra punta del establecimiento sin interesarse lo más mínimo por sacarte los riales. Encantador y algo inaudito en Asia.

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    El hotel Negarestan es el lugar desde el que os escribo. Hay un cartel en el techo que nos indica la dirección de la meca, y un kit de rezo para los que se han olvidado de meterlo en el equipaje.

    DieQuito

     

  • Un agujero llamado Teherán (Día 2)

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    Llegamos al hotel a las 5 de la mañana. El viaje comenzó con mal pie porque tras aterrizar en el aeropuerto Imam Jomeini estuve atascado más de una hora en la zona de visados (imagen superior). Mal organizada y con un señor a cargo al que yo calificaría como mínimo de “persimonioso”, la zona de visados del aeropuerto de Teherán es un infierno.

    Lo primero que tienes que hacer es pagar los 75 euros y entregar un formulario en el que explicas los motivos de la visita al país. En un sistema propio de un tarado, entregabas el pasaporte a un señor, que lo lanzaba por un agujero a una oficina interior, y de forma paulatina, por otro agujero iban saliendo los pasaportes con las visas ya colocadas. El tiempo que ibas a estar esperando allí dependía exclusivamente del factor suerte, porque había otros afortunados que solo estuvieron 4 minutos allí. Yo, hecho trizas por el largo viaje, les miraba con odio. Mi cabeza, que no deja de darle vueltas a todo, se ponía en lo peor: por ejemplo, ¿y si se pierde el pasaporte por detrás de ese agujero? puedes quedarte allí horas infinitas, porque el único que lo echa de menos eres tú, y no paran de llegar nuevos viajeros para solicitar la visa, entregando más y más pasaportes.

    Por lo menos me queda el consuelo de que les “colé” el seguro de la Federación Aragonesa de Montañismo como seguro de salud y me ahorré un buen dinero al no tener que hacerme un seguro privado de última hora.

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    Después de los nervios del aeropuerto, solo hemos dormido 4 horas porque no queríamos perder toda la mañana. Al despertar me he encontrado con una ciudad llena de polución y con un tráfico igual de caótico que el de Delhi. Al menos los pitidos no son los protagonistas como en las calzadas indias.

    Hemos cogido en el metro, que por cierto está todo nuevo y reluciente, para ir hasta la Azadi Square, en donde el último Sah de Persia levantó un monumento precioso. El icónico muro de líneas geométricas limpias ha envejecido de maravilla y no se ve anticuado a pesar de que tiene más de 40 años.

    Después hemos dado un amplio paseo, hemos cambiado los euros por riales, millones de ellos (la inflación está destruyendo esta moneda) y hemos comido en un pequeño restaurante en el que he probado el delicioso Koofte, una bola de carne con salsa. Por la tarde nos hemos acercado a la antigua embajada americana, que fue abandonada durante la revolución de 1979 (ver película Argo).

    A continuación, bien avanzada la tarde (atardece a las 5 y media de la tarde) ha llegado el turno para el bazar. El Gran Bazar de Teherán tiene unos 8000 años de historia a sus espalda y rincones con muchísimo encanto. Sus dimensiones son colosales y aunque hemos deambulado por él durante más de dos horas en el no hemos debido de ver ni una décima parte. Me ha chocado mucho corroborar que no es un bazar para turistas en absoluto, y es que en él se venden productos que solo pueden atraer a los locales: telares, hilos, frutas, especias, ropa, etc.

    Para terminar hemos ido a cenar al restaurante Agha Bozorg, que me ha gustado tanto por su decoración, como por su comida (he probado el kebab bakthiari) y por su té iraní acompañado de una shisha.

    Después de la cena y la pipa de agua, la cama será la recompensa perfecta, ya que el día de viaje de ayer todavía pesa en nuestras espaldas. Teherán me ha parecido, como reina en el título, un agujero, y sus gentes anónimas y a lo suyo, como en la mayor parte de capitales del mundo. Mañana hay que salir pitando de aquí ; )

    DieQuito

     

  • El aeropuerto asiático de Estambúl (Día 1)

    img_0542Viajando se te presentan numerosas oportunidades y hoy el día ha comenzando de la mejor manera. Tras deambular por el duty free he montado en el avión emocionado y con ganas de hacer kilómetros. Mi mochila ha pesado solo 7 kilos, con lo que me he adaptado perfectamente a la normativa de equipajes de Pegasus.

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    El vuelo ha sido muy tranquilo y lo he amenizado leyendo. Hemos aterrizado en el lado asiático de Estambúl bajo un crepúsculo plomizo y el sol despidiéndose por el oeste. La ciudad destacaba iluminada por el fulgor de las farolas, mientras que el mar era una masa grisácea, como una balsa de mercurio, que se iba oscureciendo poco a poco.

    El aeropuerto de Sabiha Gokhen está al este del Cuerno de Oro y en su zona de compras he visto un sinfín de postales, dulces y souvenirs de una ciudad en la que todavía no he tenido la posibilidad de pasar unas vacaciones. Sé que tarde o temprano caerá.

    Una hora después de aterrizar ha aparecido por fin David, que venía desde Atenas. Ha sido una emoción intensa, al menos por mi parte y nos hemos puesto a hablar como locos, porque aunque hemos estado en contacto permanente por las redes sociales a lo largo de estos 4 últimos años, un cara a cara es siempre más auténtico.

    Ahora vamos a montar ya en el avión rumbo a Teheran. Persia nos espera tras 3 horas de avión. Él ya se conoce el terreno así que el aterrizaje será un poco menos brusco.

    DieQuito

  • BCN (Día 0)

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    Hoy ha dado comienzo este viaje que tiene la primera parada en Barcelona, en casa del gran Borja Noguera y su encantadora chica. No entiendo muy bien la lógica de la amistad humana, solo sé que con Borja parece que no pasa el tiempo y cuando nos volvemos a ver, con meses interminables de por medio, todo sigue siendo igual de fluido img_0528que siempre. Como un hermano para mí, no podía desaprovechar la oportunidad de verlo de nuevo y por eso decidí adelantar mi viaje a la ciudad condal un día antes de que partiera mi vuelo.

    Me han recibido con una suculenta cena de queso trufado de Lérida, jamón ibérico, robellones tostados al aceite, que hemos acompañado con un conveniente vino tinto de los de siempre, perfecto antes de un país en el que está prohibido el alcohol. ¿Cuantas cenas le debo ya a este hombre? Me tengo que escudar en que no viene nunca por Zaragoza…

    Se nos ha hecho tarde bebiendo un whisky Lagavulin de 16 añazos, de esos que todavía se produjeron en los noventa. Y como siempre, hemos acabado llorando de emoción recordando los años de Mapfre, Sutton y Olot.

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    Ahora toca descansar, porque si bien mañana mi vuelo es a mediodía, me esperan muchas horas de vuelo y aeropuerto para llegar a Teheran. Cierro los ojos pensando que mañana voy a volver a ver a David, el mejor amigo que hice en India, después de 3 años y medio.

    DieQuito

  • 35 litros

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    El minimalismo viajero ha ido ganando terreno sobre todo desde que las compañías low cost implantaron la política de equipaje de mano gratuito. 10 kilos de peso para ir un fin de semana por Europa son más que suficientes. De hecho, hay gente que viaja con mochilas de hasta 28 litros de capacidad. Los admiro, de verás.

    Para este viaje de una semana me voy a olvidar de mi maleta de mano con ruedas, y voy a optar por una mochila de 35 litros de capacidad y que según la política de equipajes de Pegasus, tan solo podrá pesar 8 kilos. No alcanzo los 28 litros de los PRO, pero me voy acercando.

    Puede parecer sencillo, pero solo las mudas interiores ya ocupan un montón. La toalla, las chanclas, un libro para los viajes, un par de jerseys, un pantalón vaquero, camisetas… Al final todo requiere de un espacio y sumado, las cuentas no salen. Ayer hice la primera prueba y parece que no voy mal encaminado y con un par de descartes lo conseguiré… Ahora, eso sí, el just in case está totalmente descartado.

    DieQuito

  • Viaje a la antigua Persia

    Sunset over ancient city of Yazd, Iran

    En 10 días me voy a Irán a gastar mis últimos días de vacaciones. Iré primero a Barcelona, donde tras hacer noche cogeré un avión a Estambul y desde allí volaré a Teheran. En la ciudad turca me encontraré con David, antiguo amigo asturiano al que hace ya 3 años que no veo y con el que ya viajé a Tailandia en 2012 y por varios destinos de India como Jaisalmer, Amritsar o 160210133755-nasir-al-mulk-mosque-shir-super-169Jodhpur.

    Estamos todavía cerrando el itinerario de este viaje apasionante que durará prácticamente una semana. Aparte de la capital del país, visitaremos Isfahan, Yadz (en la imagen superior), la ciudad fantasma de Kharanaq y Qom. Templos, música persa, construcciones milenarias, zocos, desierto y comida con zumaque, cilantro y comino. Un viaje de los auténticos, ya que lo mejor de este país es que no suele haber muchos turistas, así que te inmiscuyes en una cultura real y conoces verdaderamente su esencia. Además, David ya ha estado previamente en Irán, con lo que su compañía será muy valiosa, especialmente para no meter la pata: por ejemplo no está bien visto ir en pantalones cortos…

    Todavía tenemos que decidir la forma en la que nos moveremos por el país, pero el coche de alquiler, el tren y unos aviones más antiguos que las Soyuz son algunas de las opciones.

    Como las ganas ya me pueden, este fin de semana me voy a ver la película Argo. Ya la vi en el cine cuando la estrenaron pero es uno de esos largometrajes que se merecen un segundo visionado.

    DieQuito