• Hacia la nave espacial…

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    Nos vamos a Saint Gervais Les Bains para coger el tranvía que nos subirá a Nido de Águila, a cota 2300. Allí comenzará la ruta que nos llevará a la cima del Mont Blanc. Cuando llevemos 1500 metros de desnivel llegaremos a esta nave espacial, obra del arquitecto Hervé Dessimoz, que me parece un objeto horrendo, pero la forma más confortable de dormir en las faldas de esta imponente montaña.

    Dan lluvias para esta tarde así que espero que lleguemos al refugio sobre las 14:00 horas, para descansar durante unas 10 horas aproximadamente e intentar dormir. A la 1 de la madrugada partiremos hacia la cima y al amanecer esperamos coronar su cima.

    Pronto tendréis noticias nuestras.

    DieQuito

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  • El día grande de mi tío José Pedro

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    Hoy es el día de descanso para el grupo Mont Blanc 2016, pero no lo era para mi tío, que ha completado con éxito la UltraTrail del Mont Blanc. Desde el viernes, que se dio el pistoletazo de salida, ha estado recorriendo los 170 kms (distancia Zaragoza-Teruel) de esta prueba. Ha acumulado 10000 metros de desnivel positivo y ha rodeado todo el macizo del Mont Blanc, pasando por Italia y Suiza. Tras 41 horas de prueba, ha llegado hoy a las 12 del mediodía a Chamonix.

    En la meta le esperábamos su mujer, su cuñado, mi tía Mariví y yo. Cuando ha cruzado la meta sus ojos brillaban de la emoción. Toda la meta era un cúmulo de emociones: parejas que entraban de la mano, niños que salían a buscar a sus padres, Bittersweet simphony sonando de fondo…IMG_0292

    Después de cruzar el control mi tío me ha chivado que este año ha entrenado como un fraile, como nunca en su vida… y lo cierto es que era algo que sospechaba ; ).

    Después nos hemos tomado un refresco hasta que a José Pedro le ha entrado el sopor habitual que aparece de forma súbita después de semejantes pruebas.

    Toda una gesta para una persona que hasta hace 4 años no había corrido ninguna carrera en su vida… hasta que un compañero de trabajo le retó con una apuesta. Hoy ha completado uno de los trazados más prestigiosos del mundo.

    Por lo demás, nosotros hemos estado relajados y cogiendo fuerzas porque mañana llega el turno de ascender a Gouter con el objetivo de pisar la cima del Mont Blanc el martes a primera hora. También nos hemos peleado con las mochilas para hacer entrar todo lo necesario y ahora ha llegado el turno de acostarse para soñar con el Mont Blanc.

    DieQuito

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  • Excursión a Lac Blanc

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    Con el objetivo de no perder tono, y teniendo en cuenta que no queremos gastar fuerzas de más, hemos buscado una ruta sencilla y con poco desnivel para el día de hoy: subir a Lac Blanc.

    Por la mañana hemos ido al teleférico de Le Flegere para subir a las pistas de esquí. El camino es sencillo y tiene una espléndida panorámica del Mont Blanc, Aiguille du Midi y Grandes Jorasses.

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    Tras 600 metros de desnivel hemos llegado al Lac Blanc, que estaba abarrotado de gente, y hemos comido tranquilamente un poco de frutos secos (algunos mucho) y embutido.IMG_0267

    Un par de horas más tarde hemos bajado con la calma a Le Flegere y hemos visto llegar al primer clasificado de la Ultratrail del Mont Blanc, que pasaba tras 20 horas por el último punto antes de la meta. Desde Le Fleguere tan solo le quedaban 8 kms de descenso hasta Chamonix. Apabulla pensar que ese chico llevaba más de 160 kms en las piernas.

    Luego hemos bajado a Chamonix y ya en el apartamento se ha desatado una terrible tormenta. El cielo se ha puesto negro, el Mont Blanc se ha cubierto por completo y los truenos han copado el protagonismo. Las malas previsiones se van cumpliendo, esperamos tener margen hasta lunes-martes. Lo mejor que puede pasarnos es que las tormentas pasen antes del día del ataque a cima. Me despido con un par de imágenes de la tormenta que se avecinaba a final de la tarde. Espero que mi tío José Pedro no esté sufriendo mucho en la UltraTrail bajo la lluvia: lleva ya 120 kms.

    DieQuito

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  • Aiguille du Midi y una arista inolvidable

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    Comenzó la aclimatación. Pronto por la mañana, hemos preparado nuestras mochilas para subir a la Aiguille du Midi, punto turístico situado a 3842 metros y con una increíble panorámica del Mont Blanc. Se sube en teleférico desde Chamonix y lo cierto es que el viaje ya no es recomendable para alguien con miedo a las alturas.

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    Hemos llegado arriba y tras hacer unas fotos nos hemos calzado los crampones y armados con nuestros piolets nos hemos aventurado a la arista que lleva al refugio de Les Cosmiques. Y vaya arista, porque era aérea y expuesta, con una caída hacia la izquierda de las que no sale nadie vivo. Con mucha paciencia y paso seguro hemos bajado hasta el glaciar y una vez allí hemos practicado las cordadas, que ya han quedado definidas. Marcos y yo iremos por un lado; Raúl, Alejandro y David por otro.

    Después, el ascenso, como siempre en este tipo de pasos, ha sido más sencillo y hemos visitado la punta de la torre con su emblemático Paso de la vida: una habitación colgada sobre una pared de roca, sobre una caída de unos 1000 metros de profundidad y con la particularidad de que tiene todas las paredes (suelo incluido) de cristal.

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    Hemos bajado alrededor de las 5 de la tarde a Chamonix, en donde ya se respiraba un ambientazo impresionante por la Ultra Trail de Mont Blanc, en la que este año corre mi tío. Una ruta circular rodeando todo el macizo del Mont Blanc, en la que los corredores cubren 170 kms y pasan por Francia, Italia y Suiza. Lo mejor es que he podido darle un abrazo a mi tío, que ha pasado por mi lado (que ya es casualidad teniendo en cuenta que corren unos 3000 corredores). Mucha fuerza para esa carrera de resistencia que para mí es algo imposible de plantearme.

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    DieQuito

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  • 14 horas en una Citroen Jumpy

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    Ya estamos en Chamonix, después de toda una noche y más de mil kilómetros de viaje a través de Cataluña y Francia. Partimos a las 23 horas desde Maella en la Citroen Jumpy que nos ha prestado gentilmente mi padre. Es una furgoneta con más de 12 años y casi 200000 kms pero ha respondido muy bien y con sus 6 plazas nos ha ahorrado mucho dinero en peajes y gasolina.

    Hemos empezado el viaje con cachondeo, con Revu anunciando lo que decía el GPS que quedaba por delante a intervalos de 10 minutos, parando en Montblanch para hacer la gracia con el cartel… IMG_0200pero con el paso de las horas el humor ha ido decayendo hasta convertirse en un silencio sepulcral. Durante las 5 primeras horas he conducido yo hasta que, con semejante calma y cerca de la frontera con Francia, el sueño me vencía y Marcos ha cogido el relevo hasta pasado el amanecer. Raúl ha asumido su turno entonces (ver foto) y hemos llegado a Chamonix a la una del mediodía… Al final, las 3 últimas horas de viaje fueron muy pesadas, aunque una generosa máquina de café se portó con las devoluciones de dinero.

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    Parecíamos cadáveres andantes: reventados por un viaje en el que apenas hemos podido pegar ojo. La carretera machaca y más en unos asientos duros como una piedra y que no pueden abatirse.

    Cuando hemos llegado nos han dicho que el apartamento no estaría listo hasta 3 horas más tarde… Tan larga se ha hecho la espera que me he acabado quedando dormido en una piedra.

    Tras instalarnos en el apartamento nos hemos pegado una siesta de campeonato. Ahora hemos cenado un buen plato de arroz y a dormir, que mañana subiremos a aclimatar a la Aiguille du Midi.

    DieQuito

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  • ¡Esto ya va! Rumbo a Chamonix

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    Maella es el punto de comienzo de esta aventura. Hemos llegado aquí en dos coches y nos iremos todos en uno, en la Citroen Jumpy de mi querido padre, con 6 plazas de capacidad y un maletero gigantesco para todas las mochilas de montaña que necesitemos.

    Ahora nos esperan unas 12 horas de viaje a través del sur de Francia para alcanzar la cordillera con más historia del continente europeo. Chamonix, cuna del montañismo y muy relacionada con las grandes figuras del alpinismo francés de mediados de siglo: Terray, Rebuffat, Herzog, Lachenal, etc.

    La paliza de más de 1000 kilómetros la haremos por turnos, aunque realmente es muy difícil dormir en esta furgoneta… Mañana va a ser un día para instalarse y dormitar. Se trata de coger fuerzas y dejarlo todo más o menos listo.

    Para situar al personal, os voy a explicar un poco cómo está organizado el viaje. Mañana día 25 como he dicho líneas arriba es un día de relax. El viernes 26 en principio subimos a Aiguille du Midi (3800 metros) a aclimatar. El sábado es posible que nos vayamos a la Mer de Glace a hacer una andada suave, para no perder tono. El domingo es el día de reposo previo a la ascensión y encima mí tío Jose Pedro terminará ese día la Ultratrail del Mont Blanc, 160 kms en menos de 47 horas, y le estaré esperando en la meta de Chamonix.

    Ya en lunes salimos hacia Gouter, para dormir en el refugio, a 3600 metros y ya el martes, partir hacia la cima del Mont Blanc. El miércoles 31 de agosto descansamos en Chamonix y el jueves 1 de septiembre ponemos ya rumbo de regreso.

    Por cierto, las previsiones meteorológicas para domingo-lunes (el día que en teoría subimos a Gouter) no son de lo más halagüeñas como podéis ver aquí y quizás tengamos que cambiar los planes.

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    Iremos viendo cómo evoluciona el clima y ya iremos tomando decisiones.

    DieQuito

     

     

  • Entrevista en Radio Caspe

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    Mañana por la mañana me entrevistarán en Radio Caspe. Sandra Buzón, la maellana locutora, me preguntará acerca de los últimos flecos del Mont Blanc 2016 a las 13:30 del mediodía.

    En cuanto esté el podcast disponible lo pondré en esta entrada.

    http://www.lacomarca.net/radio/radio-caspe/item/14223-hetd-radio-caspe Aquí os dejó el enlace, el minuto exacto del comienzo de la entrevista es el 36.

    DieQuito

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  • Pico de los Infiernos (3083 metros)

    Con mucha calma partíamos desde Zaragoza a las 8:30. Se trataba de la última paliza antes del Mont Blanc, a 3 días del comienzo del viaje. Dos horas más tarde ya estábamos en el magnífico rincón que acoge los Baños de Panticosa y nos poníamos a caminar rumbo al Embalse de Bachimaña. Subíamos David, Marcos y yo con mucha calma; tanta tranquilidad, que incluso llegamos a desconectar. Al llegar al refugio, mis dos compis de aventuras me dijeron que estaban desganados y que no se veían con ganas de subir al tresmil. Al principio me resigne, dimos un paseo de alrededor de una hora por el embalse, comimos y de repente se me encendió una luz de rabia: había venido aquí para subir ese pico.

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    Estaba en la presa del Embalse y el reloj marcaba la 1 del mediodía. Respetando su decisión, les pedí que acataran la mía: iba a subirlo yo solo, lo más rápido que pudiera. Inmediatamente, puse rumbo hacia los Infiernos y al primer hombre que me crucé, le pregunté si era viable o no llegar a la cima. Me miró con cara de extrañado y me dijo que para hacer esa cima la gente empezaba a caminar a las 8 de la mañana. Yo le respondí que esperaba estar a las 3 en la cumbre y que luego tenía tiempo de sobras para bajar ya que el día alarga mucho todavía… Lo último que me dijo fue, haz una cosa, cuando llegues a los Ibones Azules, mira la hora.

    A todo tren, empecé a ascender desnivel y unos 200 metros de desnivel después, unos chicos me animaron diciéndome que a ese ritmo llegaría hasta el collado como mínimo. Subí al primer ibón, luego al segundo, y llaneé hasta la pedrera que da acceso al collado: eran las 2 menos 10 de la tarde. En esa misma pedrera le pregunté a otro montañero, que esta vez me dijo con la certeza del que se conoce bien el terreno que me daba tiempo de sobras de llegar a la cumbre. He de reconocer que en ese momento iba cansado por el ritmo impuesto durante la última hora y mi camiseta estaba empapada.

    En el collado, el reloj marcaba las 2 y 10 y quedaba lo más difícil, el cresteo hasta la cumbre de los Infiernos. Existen varios caminos pero al final uno tiene que ir buscándose la vida para alcanzar la marmolera, con el consiguiente riesgo de quedar enriscado. Tras unas pequeñas trepadas que se antojaban más difíciles de bajar que de subir, tienes una impresionante vista de la marmolera. El trazado serpentea por la parte superior de esta y es un sendero estrecho y accidentado con una impresionante caída que te lleva directa al cementerio: un tobogán de marmol interminable. Este pico, sin ser complicado, no es apto ni para gente con vértigo ni se lo recomendaría a alguien sin experiencia en trepadas y crestas.

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    Cuando terminas la marmolera te queda la parte más complicada, la de subir trepando hasta el primero de los picos del Infierno. Una vez allí, cresteas por encima de la parte de marmolera que se divisa desde el Midi y llegas hasta la cumbre más alta: 3083 metros y las tres de la tarde en mi muñeca.

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    Lo había conseguido, pero estaba terriblemente sediento y hambriento, con leves síntomas de debilidad (frío, tiriteras etc) y dolor de espalda. Bebí abundante líquido y comí bien, fundamental porque había que descender todo ese último tramo tan delicado y luego caminar 10 kms hasta el balneario.

    A las 15:50 comencé a descender con fuerzas renovadas. Con mucho cuidado y tiento, sin dar un paso en falso. Descendí acompañado de unos zaragozanos y la verdad es que en los pasos complicados se agradece tener a alguien cerca por si acaso tienes un resbalón tonto.

    A las 17:00 estábamos por fin en el collado y ahora ya solo quedaba un largo trecho de pedrera, llaneo y sendero. Allí me despedí de ellos y empecé a bajar rápido porque sabía que mis amigos ya debían de estar preguntándose dónde narices me había metido. 1 hora y 10 minutos después, en los que hasta bajé trotando con unos valencianos que me dieron agua fresca, me topé de bruces con Marcos y David, que tenían los dos caras de tarántula. Cariacontecidos, estaban tan preocupados que decidieron empezar a subir para arriba a buscarme. Diez minutos después ya estábamos en el refugio y una hora más tarde en el coche… En la bajada final alcancé al hombre que me había dicho que no me daría tiempo y me preguntó en tono un poco burlón: ¿Qué, ha habido cima en los Infiernos? Y le sorprendí con un, Sí!, hasta arriba! El señor se alegró un montón y me dijo que lo sentía, que a veces hablaba demasiado y le dije que hacía bien en prevenir a la gente, de hecho, su consejo de mirar el reloj en los Ibones azules me pareció de lo más razonable. La montaña esta llena de grandes personas y siempre hay que prestar atención a la voz de la experiencia.

    Os dejo una galería con imágenes del descenso de las trepadas que llevan a la cima.

    DieQuito

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  • Patrocinadores de Mont Blanc 2016

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    A menos de 5 días para que comience la aventura de Mont Blanc 2016 es el momento de darle las gracias a los patrocinadores. Ya tengo todos los sus logotipos colocados, rodeados por los parches de aventuras pasadas y presentes.

    Universidad San Jorge: la universidad privada de Aragón vuelve a apoyarme y por tercera vez consecutiva tras su apoyo en el Toubkal (2014) y en el Chimborazo el año pasado. Como egresado de dicha institución educativa, solo tengo buenas palabras tanto de su claustro de profesores como de sus extraordinarias instalaciones.

    Distripol: esta empresa zaragozana que vende productos de supervivencia, caza y material militar vuelve a patrocinarme como ya hiciese el año pasado en la aventura del Chimborazo. Tienen tanto tienda física, en la calle Cortes de Aragón, como tienda online en el siguiente enlace.

    Ebrolife: esta empresa maellana (de Maella, mi pueblo) se dedica a la venta de fincas rusticas tanto en Aragón como en Galicia. Realizan además asesoramiento en rehabilitación de masías y en cultivos agrarios. En su página web, cargada de fotografías, podéis echar un vistazo a algunas de las fincas que están ahora a la venta.

    Turispain: este portal especializado en turismo por España ofrece un montón de ofertas y chollos en hoteles, alojamientos rurales, campings, visitas a bodegas, restaurantes. Su eslogan es “Creamos experiencias” y sin duda el Mont Blanc va a ser una experiencia alucinante. O dejo aquí un enlace a su web.

    Muchísimas gracias a los cuatro. Espero poder subir vuestro logotipo a los 4810 metros del Mont Blanc.

    DieQuito

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  • Noche con las estrellas


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    Tengo la surrealista teoría de que solo te enamoras de una montaña cuando pasas una noche en su cumbre. Dormir en su cima es el ritual que te vincula eternamente a ese titán de roca que se abre paso con firmeza hacia las altas capas de la atmósfera. Los 3.404 metros de altitud son la carta de presentación del Aneto, un pico separado del mundo racional por el Paso de Mahoma: 50 vertiginosos metros en los que un simple fallo nos lleva inevitablemente a un trágico final.

    Cimaquear era algo que todavía tenía pendiente y no había mejor manera de estrenarse que con el pico más alto de los Pirineos, el Aneto. Con el resto de integrantes del equipo Mont Blanc 2016, a excepción de Alejandro, partimos ayer desde Zaragoza a primera hora de la mañana. A las 11 y cuarto, ya en Senarta, cogimos el autobús de las nubes que nos dejó a cota 2000, en un frondoso bosque de altura que crece en pleno valle de Vallibierna. Así pues, a mediodía comenzábamos la caminata por la ruta de Coronas con una meta en mente: la cumbre del Aneto.

    Hora y media después ya estábamos en los ibones de Coronas, punto a partir del cual el sendero se transforma en una incómoda pedrera que asciende hacia el Collado de Coronas. La última parte antes del collado es una pared casi vertical en la que tienes que hacer pequeñas trepadas. Ya a salvo, al cruzar al otro lado, te topas de bruces con las nieves perpetuas del Aneto y llega el momento de calzarse los crampones. Nuestros relojes ya marcaban las 4 de la tarde.

    Después del glaciar llega la última pedrera y el último problema: El Paso de Mahoma. Para poder pasar la noche en el reino de los cielos es necesario subir con unos 15 kilos de peso a la espalda, no basta con la pragmática mochila de ataque, y cruzar el paso de Mahoma con ese molesto y desequilibrante mamotreto no es algo trivial.

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    Sin sustos ni contratiempos, a las 17:30 llegábamos a la cima y plantamos nuestras tiendas en los dos vivacs cimeros, uno en cada extremo. El Aneto comenzó a portarse de maravilla con una temperatura muy agradable sin nada de viento. Cenamos unos deliciosos huevos de codorniz cortesía de Marcos y el sol comenzó a ponerse en una estampa inolvidable. Entonces el Aneto nos regaló una rareza, un Espectro de Brocken, que no es otra cosa que la sombra del observador proyectada sobre una nube. Pura poesía visual que nos acompañó durante una cena nutritiva. A continuación el cielo se tiñó de purpuras y el sol se convirtió en una guirnalda roja, de esas que iluminan los templos orientales.

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    Después del crepúsculo, unas onzas de chocolates y el partido de Nadal contra Del Potro nos acompañaron hasta que llegó el momento de meterse en el saco. La temperatura ya había bajado como era de esperar, pero el Aneto nos respetó y pasamos una noche cómoda.

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    Hacia las 3 de la madrugada me escapé de la tienda y un frío intenso aplacaba todo el panorama. Se divisaban luces lejanas y el resplandor de la Luna le confería a la cima y a su enorme cruz un aspecto fantasmagórico. Entonces, dos Perseidas cruzaron el firmamento dejando una breve estela de felicidad. Fue un momento íntimo, mientras David, Raúl y Marcos descansaban. Pensé que era muy grande estar en ese preciso momento allí arriba, que era una gran suerte y una calma me invadió por completo. Tanto me relajé que por fin conseguí conciliar el sueño tras 5 horas de insomnio de altitud.

    Tres horas más tarde, los rayos del alba comenzaron a bañar la cima con su calidez y su paz y desayunamos un chocolate caliente, gracias a Raúl. El descenso fue trepidante, especialmente tras superar la pared del collado, que desde arriba tiene una pinta poco halagüeña. En tan solo 2 horas y media estábamos esperando el autobús de Senarta, con los pies metidos en el agua fresca del arroyo.

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    Un viaje de un fin de semana cargado de muchas historias. La aclimatación para el Mont Blanc va por el buen camino. La semana que viene a dormir en la cima del Posets y el día 25 rumbo a Chamonix, en furgoneta, como en las grandes aventuras y viajes memorables. Me despido con una pequeña galería de fotos.

    DieQuito

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