• Despegamos hacia Suiza (día 1)

    Hoy no ha sido un domingo cualquiera. Un poquito de bici estática por la mañana me ha puesto a tono para empezar a ajustar el volumen de las dos mochilas que se nos permiten en el coche de Marcos. El just in case ha sido totalmente puesto en cuarentena y por no llevar no llevamos ni saco de dormir, nos la jugamos a las mantas plagaditas de chinches del refugio. Esperemos que haya mantas para todos… y chinches para otros.

    Tras cerrar las mochilas por la tarde nos hemos ido a cenar al Cervino de Puerto Cinegia, que si bien no es mítico de la Química, sirve a la perfección como simbólico sucedáneo, emulando a la nocturna parada en Montblanch camino de Chamonix el año pasado.

    Ahora nos quedan unas 14 horas de viaje por delante. Las dos primeras escuchando el partido del Real Madrid en mi caso… Cada uno matará el tiempo como pueda. Luego, conforme vaya avanzando la noche, nos iremos turnando al volante. En cuanto lleguemos a Täsch, nuestro cuartel general, os contaré qué tal ha ido este viaje de 1300 kms en coche.

    DieQuito

  • Logo de Cervino 2017

    Faltan 12 días para que nos metamos en un Cáctus grisáceo rumbo a Tasch y ya hay logotipo de la ascensión a la montaña. Tonos azules y metálicos, que recuerdan un poco al logo del Chimborazo 2015. En el lateral izquierdo los colores se combinan en una especie de camuflaje militar, porque sin duda va a ser una batalla épica. Según Marcos (Saqués), tenemos un 40% de posibilidades de coronar esta cumbre… Esperemos que ese pronóstico sea muy pesimista y que podamos conseguir la cima más mítica de los Alpes suizos.

    David (Vicente) y Alejandro (Revuelto) son los otros integrantes de esta expedición a la pirámide de Zermatt y ya coronamos juntos el pasado año el Mont Blanc.

    DieQuito

  • ¡A la radio!

    Como cada año, Elías me ha ofrecido participar en su maratón de Radio y esta misma tarde estaré en la radio La Veu a las 19:55 horas hablando de la aventura del Cervino. Se podrá escuchar online en el siguiente enlace http://laveudelbaixmatarranya.es/

    En cuanto disponga de la entrevista subiré el podcast como siempre.

    Aprovecho también para subir una entrevista que me hizo el propio Elías después de ascender el Toubkal en 2014, y que justo acaba de hacerme llegar. Más vale tarde que nunca… ; )

    DieQuito

  • Cresta de las Espadas

    El Posets es un tresmil emblemático. Sin ir más lejos, es el tercer pico más alto de la península después del Mulhacen y del Aneto. Ya lo había subido en 2015 con Alberto Bescós por Canal Fonda, pero en esta ocasión, tocaba hacerlo por su ruta más bonita y especial: la Cresta de las Espadas.

    A algún simpático se le ha ocurrido cerrar la pista que lleva hasta la cascada de Espigantosa, porque dice que los coches joden la pista. Claro, como los coches jodían la pista pues había que gastar varios miles de euros al año en ir reparándola. Entonces, la Junta Comarcal en cuestión decidió que había que habilitar unos autobuses para subir allí arriba. Quizás alguno pensará que con el dinero que se ahorraban al reparar la pista, subvencionarían el servicio de autobuses y si no es gratuito, tiene un coste simbólico. Pero nada de eso hombre, tienes que soltar 10 euros por un tramo de unos 4 kms de subida y 4 kms de bajada. Nos la han colado otra vez. Al final, el contribuyente está pagando por el hecho de que le hayan puesto vallas al campo.

    En esa tesitura, decidimos dormir en un hotel de Castejón de Sos el viernes para poder coger el autobús de las 6 de la mañana rumbo al comienzo de la caminata, en la ya mencionada cascada de Espigantosa. A las 6 y 20 comenzamos a caminar, con los primeros y tenues rayos de luz solar que anunciaban un día de cielo limpio.

    Empleamos un ritmo conservador, guardando fuerzas para la cresta, y llegamos al refugio Ángel Orús tras una hora de caminata. Allí comimos algo y partimos hacia el collado que queda a la derecha del Pavots. 2 horas y media más tarde ya estábamos allí. Es decir, a las 10 de la mañana nos disponíamos a comenzar la cresta, pero decidimos parar, ponernos crema solar, hidratarnos y comer bien antes de caminar por el afilado “sendero”.

    La Cresta de las Espadas es una arista que lleva hasta la cima del Posets tras un rodeo con unas vistas sin parangón en todo el Pirineo, una de las rutas más preciosas de todas las que he hecho. Tiene un par de pasos expuestos, el paso del funambulista (que es una soberana gilipollez) y trepadas varias que, sin cuerda, son de esas de mirar con recelo.

    2 horas nos costó llegar hasta la cima del Posets, y hubo minutos de tensión mantenida, pero en ningún momento una sensación de peligro bestial. De todas formas, es una ruta que no recomiendo a principiantes.

    Bajamos ya a la 1 del mediodía y a las 4 conseguimos coger el autobús ese carísimo que nos llevó hasta Eriste. 9 horas y media de caminata. Ahora a descansar que el martes toca paseo hasta los Ibones de Anayet.

    Cima del Posets

    Me despido con un par de vídeo grabados con la GoPro, el primero de unos 5 min de duración, con la música de la película Dunkerque, y el segundo una versión extendida con música de la película Avatar, de la serie Leftovers y y de nuevo del filme Dunkerque.

    DieQuito

     

  • Patrocinadores de Cervino 2017

    Ya está cerrada la lista de patrocinadores de la aventura que comienza en menos de un mes.

    La Universidad San Jorge me patrocina de nuevo como ya hiciera en Toubkal 2014, Chimborazo 2015 y Mont Blanc 2016. La universidad privada de Aragón fue mi lugar de estudios y es un placer llevar su logotipo a la cima. Esta vez espero que me acompañe hasta los 4478 metros del Cervino.

    Eboca es la empresa de vending más simpática de España y vuelve a apoyarme como ya hiciera hace dos años en el periplo por los Andes: Chimborazo 2015. Sus deliciosos cafés gourmet me darán la energía necesaria para portar el logo hasta la afilada punta de la montaña italo-suiza.

    Turispain ya estuvo colaborando en el Mont Blanc 2016 y ahora repite en la cordillera alpina. Este portal de ofertas para viajes y hoteles tiene interesantes chollos para escapadas románticas, aventura, destinos rurales y otras ofertas de última hora.

    Por último, Delicias del Guadalope, que ya me patrocinó hace un mes en la ascensión al Gran Paradiso, vuelve a aportar para que pueda llegar hasta la cima del Matterhorn-Cervino. Esta empresa de frutas de la comarca del Bajo Aragón-Maella es una productora que exporta miles toneladas de nectarinas, melocotón y cerezas por toda Europa.

    ¡Muchísimas gracias a los 4!

  • De Bujaruelo a la cima del Taillón (3h59′)

      Camping de Bujaruelo

    En el Cervino va a ser primordial la velocidad; un pico en el que hay hacer tantos rápeles durante el descenso y con pasos tan técnicos requiere que se vaya ágil en los tramos sencillos. Por ello, subir al Pirineo a intentar hacer buenos tiempos es un excelente método de preparación para lo que queda de julio y agosto.

    El Taillón fue el pico escogido para la jornada de ayer. Salí de Zaragoza antes de las 6:00 am y a las 7:15 me encontré con Alberto Bescós en Sabiñanigo, mi compañero de aventura en Toubkal 2014 y Chimborazo 2015, y en tantas otras muchas montañas del Pirineo. Los zaragozanos somos unos afortunados por tener el Pirineo a tiro de piedra y nunca lo valoramos lo suficiente.

    A las 8:30 llegábamos al camping de Bujaruelo, en donde aparcamos el Endeavour y preparamos todos los bártulos para una excursión que se preveía tranquila. A las 8:43 cruzamos el puente y dimos comienzo a la caminata con un ritmo muy suave, pues eramos consciente de que el desnivel (1900 km) y la distancia (22-23 kms) no animaban a hacer heroicidades bajo el sol de julio.

    Mas o menos en la mitad de las primeras zetas del sendero alcanzamos a un amplio grupo de montañeros porque un ganadero estaba subiendo a las vacas a pastar por el sendero de la ruta. Esto nos hizo perder unos 10 minutos, pero también nos dio alas porque conocimos a una pareja de segovianos que fueron nuestras liebres en cuanto adelantamos a la manada.

    La chica iba delante y comenzó a imponer un ritmo apabullante, el chico con el que formaba tandem le iba siguiendo a unos 4 metros, yo seguía a ambos dos a una distancia de unos 5-6 metros y Alberto iba por detrás de mí a unos 6 metros también. Ahora que estamos en pleno Tour de Francia, me venía a la cabeza la subida a un puerto de montaña, cuando en el pelotón solo quedan ya los jefes de fila y todos van con el “ganchito” (En el argot ciclista, Ir con el gancho: cuando yendo a rueda vas al límite de tus posibilidades para no descolgarte). Yo desde luego iba al límite, alucinando con el paso que marcaba la de Segovia. De hecho, estuve a punto de ceder un par de veces, pero mi tozudez maña me mantuvo enganchado a “cola del pelotón”. Sabía que ese rendimiento nos iba a llevar a la cima mucho antes de lo previsto, que eran 5 horas de ruta inicialmente. Cuando llevábamos una media hora siguiendo la estela de la Sputnik, nos pusimos a liderar Alberto y yo, y al cabo de 15 minutos soltamos a la pareja definitivamente, no pudieron seguir el ritmo y llegamos al Puerto de Bujaruelo tras poco más de 90 minutos de caminata.

    Subiendo la cascada que lleva al Refugio de Sarradets, Alberto comenzó a sufrir de calambres en el cuadriceps, y tras un par de paradas, concluyó que continuara solo, porque eso no se arreglaba en un rato. Subí ágil hasta la brecha de Rolando, y tras rodear el muro de roca enfilé hacia el Taillón. En el dedo mi reloj marcaba 3h 34″ y quedaba la última subida. Iba ya un poco cansado, pero me tocó correr un trecho para alcanzar la cima en el límite de las 4 horas: 3h 59″.

    Cima!!!!!

    Al bajar, más o menos a media hora de la cima, me topé con la pareja de segovianos, que me preguntaron qué camino había escogido, como si hubiera tomado un atajo para llegar antes a la cima… (?) jajajajja

    Cerca del refugio, Alberto se encontraba bien y le animé a que subiera, que igual que él me había esperado allí porque tenía calambres, ahora podía esperarle yo pacientemente descansando. Él también hizo cima, así que el descenso, aunque largo, fue animado por tener otro tresmil en el bolsillo.

    Termino con algunas fotos con filtros de la aplicación Pomelo

    DieQuito

  • Vídeo del ascenso al Gran Paraíso

  • Escalada en La Gruviera, noche milanesa y regreso (día 6)

    A la salida del pueblo de Arnad, a medio camino entre el Gran Paradiso y la ciudad de Milán, se encuentra La Gruviera, una pared de escalada con muchas vías bien señalizadas en las que se puede seguir mejorando en la técnica de la escalada. Llegamos allí a media mañana porque además de la hora y pico de carretera, habíamos tenido que desmontar todo el camping y conseguir que todo cupiese en las maletas. De camino hemos visto el Mont Blanc desde el valle de Aosta y se asemeja algo al K-2 desde esa vertiente.

    Al llegar, unos estudiantes suizos de campamentos habían copado muchísimas vías pero pudimos ponernos a hacer vías de 5b, incluso un 6a que encadenó Javi y que yo conseguí ascender como segundo en el punto más crítico. A partir de la 1 del mediodía el sol empezó a pegar de lleno y la escalada se tornó en un suplicio así que decidimos ir a un restaurante cercano a tomar una pasta al pomodoro antes de emprender el definitivo camino a la ciudad de Milán.

    Después de dejar todo el equipaje en el el Hotel Old Milano, nos fuimos al Duomo. Después de varios días pasando frío en el valle de Valsaverenche, la capital de lombardía nos recibió con un calor húmedo abrasador. Como la Piazza del Duomo era así de calurosa, nos fuimos a la Vía della Spiga a flipar con los precios locos (como una chaqueta de 20000 euros, por ejemplo) y al Teatro alla Scala.

    ¿La chaqueta más cara del mundo?

    A las 20:30 quedamos por fin con María, una vieja amiga de la universidad que nos llevó consu marido a la zona de Navigli. A esta pintoresca área de Milán que no conocía, se accede por una dársena en la que presenciamos un atardecer rojo de los que no se olvidan en la vida. Eso fue un buen antipasti antes de entrar en el Canal de Navigli, que me pareció un rincón muy especial. Las casas de la orilla son de colores, y recuerdan a Burano, y la imagen general te traslada a los canales de Amsterdam. Sin duda, el lugar más bonito de esta ciudad industrial que se levanta a pie de los Alpes.

    Cenamos allí en una pizzería con horno de piedra llamada “I Capatosta” que es muy recomendable tanto por la comida como por el precio. Y luego celebramos la cima con unas copas en una de las terrazas de la zona en la que había un ambientazo para ser martes. Navigli es un sitio por el que merece la pena volver a Milán.

    Pizzas entre risas

    Ein Prosit!

    Il Duomo, desierto pasadas las 2 de la madrugada

    Hoy nos hemos levantado temprano porque había que ir hasta el aeropuerto de Bérgamo y devolver el coche de alquiler antes de facturar las maletas. Llegando al aeropuerto hemos buscado gasolineras para limpiar el coche, pero tienen un buen negocio montado y es que, como son conscientes de que todo el mundo tiene que lavar el coche antes de devolverlo en la docena de empresas de alquiler, tienen empleados que te asean el vehículo a precio de oro: 8 euros el aspirado interior y no sé cuánto por el lavado por fuera. Finalmente hemos encontrado una gasolinera en la que hay un aspirador huérfano que nos ha hecho el papel por tan solo 50 céntimos. Hemos echado combustible allí y mientras llenábamos el tanque he utilizado el limpiador de cristales extensible para darle un repaso a todo el coche. Lo nunca visto. Al final se ha acercado la empleada de la estación de servicio para pedirnos que nos marcháramos.

    Ya en el aeropuerto hemos tenido que hacer encaje de bolillos para cuadrar los pesos de las maletas, porque pesarlas en las básculas que tienen en la zona de facturación cuesta 2 euros por cada paquete (alucino con estas cosas). Ya en el avión, todavía he tenido tiempo para otra sorpresa y es que me he encontrado con Anita, que ha sido mi compañera de viaje. Un buen final para esta aventura alpina.

    En agosto, rumbo a Zermatt para ascender el Cervino.

    DieQuito

  • ¿Día de descanso? No, no nos gusta descansar (día 5)

    Courmayeur es una especie de Chamonix italiano, de lo más pijo de los Alpes, aunque mucho más pequeño que si análogo francés. A las grandes casas con vigas de madera a vista les acompaña un paseo lleno de tiendas top: Gucci, Moncler, Andre Maurice o el Maseratti Lounge en donde suponemos que debe de colocarse la orquesta en las fiestas de verano para cantar canciones de Raffaella Carra.

    Chozas de calidad

    Tuvimos un poco de mala suerte, porque el Mont Blanc estuvo la mayor parte del tiempo envuelto en nubes y porque el museo Transfrontaliero del Monte Bianco es otro ejemplo de cómo se dilapidan los impuestos del ciudadano: un museo relativamente nuevo que ha tenido que cerrar, suponemos que por la falta de visitantes. Y es que el Mont Blanc es francés y siempre lo será.

    A la hora de comer fuimos a una pizzería céntrica muy cuca, con el interior de madera, y pedimos un buen vino rosé para celebrar la cima. Después de comer nos dimos cuenta de que los cuerpos estaban reponiéndose bastante bien así que decidimos poner fin al día de descanso regresando al camping para coger los bártulos e irnos a escalar.

    En unos minutos, preparamos todo lo necesario para la escalada en roca y fuimos a Pont en donde se suponía que había unas vías de escalada de fácil acceso. Digo se suponía porque encontrarlas fue toda una odisea. Desde una cascada cerca de la carretera fuimos por una senda durante 20 minutos para decidir que aquella no era la senda, descendimos hasta el punto de origen para coger una pista que hacía unas zetas en la montaña y por la que ascendimos durante una media hora para decidir que aquel tampoco era el camino correcto. Volvimos a bajar y Marcos volvió a ascender por la senda anterior con la diferencia de que fue que con una mayor voluntad y tras media hora dio con las vías de escalada. Día de relax más de hora y media caminando: P E R F E C T O.

    Al llegar a las vías el sol comenzaba a marcharse y es que el valle Valsaverenche es tan abrupto que tiene muy pocas horas de sol; no me quiero imaginar lo frío que debe de ser este paraje en invierno.

    El lugar se conoce como Belvedere di Fosse y el terreno para asegurar es muy empinado, así que colocamos nudos de anclaje por si las moscas. Hicimos dos vías cada uno: en mi caso la primera de ellas la hice de segundo porque los alejes eran de esos de mirar con recelo. En la segunda vía que hice decidí ir de primero y disfruté mucho más. Lo malo fue que no hubo manera de abrir el maillón de la reunión y tuve que dejar un mosquetón de rapelar porque la noche se nos venía encima. Eran unas horas ya bastante intempestivas como para estar escalando y quizás por eso hicieron aparición una pareja de cabras montesas que apenas se inmutaron. Nos dejaron boqueabiertos al subirse por unas paredes lisas como la porcelana.

    Llegamos al camping y allí no nos ofrecían nada de cenar, así que después de darnos una ducha rápida antes de la hora en la que cortan el agua caliente, bajamos valle abajo hasta el Hotel Parco Nacionale en el que nos dieron de cenar de milagro. Nos ofrecieron ensalada, pisto y bistecs a la plancha y lo cierto es que nunca una cena tan simple nos había sentado tan bien.

    El restaurante daba un poco de yuyu, sobre todo porque la pared estaba llena de fotos familiares antiguas. Hacia el final de la cena, la puerta del salón lateral se abrió sola… Nos miramos, pagamos la cuenta con buena propina por la hora, y nos volvimos al hotel esperando no encontrarnos a la chica de la curva en aquellas carreteras boscosas.

    Ciaoo! camping Gran Paradiso

    La noche ha sido mucho más larga porque no estábamos suficientemente cansados como para dormir de maravilla en aquel suelo tan duro. Ahora nos vamos a poner a recoger la tienda de campaña y pondremos rumbo hacia Milán. De camino nos detendremos a escalar en la Gruviera, que tiene una pinta genial.

    DieQuito

  • La Madonna era tan bonita como la pintaban (día 4)

    ¡Cima sufrida! Esas son las palabras con las que tanto Marcos, Javi y yo resumimos esta expedición. Comenzamos con muchísimo ánimo, protegidos por la luna llena, hasta alrededor de cota 3000.

    Allí empezó a clarear, con un alba metalizada al principio y un amanecer en degradado después (efecto producido por la luz reflejada por la luna) que jamás había tenido el placer de presenciar, al menos no con tal intensidad. En la montaña se magnifica todo.

    Desde allí ya se veía lo que parecía ser la cima del Gran Paradiso, unos 1000 metros en altitud más allá de nuestras cabezas. Había que subir por un glaciar hacia la derecha para alcanzar lo que aparentaba ser la arista cimera, y desde allí, enfilar hacia la izquierda. Eran las 5:30 de la mañana y calculábamos unas dos horas y media más de ascensión como mucho. Pero como decía, lo que se antojaba la cima y un camino directo, no estaban tan claros. Notese que venía utilizando verbos como aparentar y parecer.

    Al ir ascendiendo por el glaciar nos fuimos dando cuenta de que había un sinfín de lomas inapreciables desde abajo y que para llegar a la cima había que rodear una enorme pared de hielo de unos 100 o 200 metros de altura, con lo que la ascensión se fue alargando considerablemente.

    Empiezan los problemas. A partir de los 3600 metros empecé a sentirme muy somnoliento: los párpados me pesaban y se me abría la boca como si estuviera aletargado: consecuencias del mal de altura por supuesto.

    Caminaba con los ojos cerrados y eso hacía que me desequilibrara; varias veces Javi me tuvo que aguantar agarrándome por la mochila desde detrás, preguntándome si iba bien. Seamos claro, dormirse caminando es algo que nunca me había pasado en una montaña, recuerdo como en muchas ocasiones traté de forzarme a abrir los ojos, sin éxito. Una sensación similar a cuando te caes de sueño en el sofá pero pretendes acabar de ver la película como sea. Sin embargo, me sentía muy fuerte de piernas, así que decidí continuar, no sin antes hidratarme un poco y comer un par de puñados de cacahuetes.

    Marcos por su parte, comenzó a sufrir mareos y náuseas esporádicas. También Javi empezó a sufrir un fuerte dolor de cabeza. Ya lo dicen, la altura afecta a cada uno de una manera, y a nosotros no estaba dando síntomas variados y algo preocupantes. Nos quedaba todavía más de hora y media de ascensión y decidimos hacerla con mucha calma. Hay que tener en cuenta que en Zaragoza vivimos prácticamente a nivel del mar y menos de 36 horas después de aterrizar estábamos acariciando los 4000 metros.

    Sobre las 8:30 llegamos a la antecima del Gran Paradiso, yo ya estaba mucho más espabilado, una vez superado el sopor que ya he comentado, pero Marcos y Javi sufrían cada vez más mareos y dolor de cabeza. Ahora quedaba una especie de paso de Mahoma por el que hay que pasar ineludiblemente para llegar a la Madonna y cima máxima. El problema es que había demasiadas personas allí y había embotellamiento. Cuando pasaba una cordada de bajada, tenías que esperar tu turno, y así una y otra vez, en cada paso complicado. Además, había gente que necesitaba sentirse más segura que en un parque infantil y exigía aseguramientos propios de largos de escalada. También había guías listos con ganas de colarse, mucha prisa por bajar al refugio y sabiondos hasta aburrir… Estuvimos a punto de desistir pero tuvimos paciencia.

    Tras ¡una hora!, conseguimos llegar hasta la Madonna blanca y hacernos las fotos de rigor. La cima había sido mucho más sufrida de lo que nos habíamos llegados a suponer, y ahora quedaba un largo descenso de 1400 metros hasta el refugio, seguido de otros 700 metros más hasta el coche. Nos dolía el alma solo de pensarlo, pero tocaba descender inmediatamente sí o sí, para que el mal de altura fuera desapareciendo.

    La nieve blanda de la media mañana convirtió el descenso en una tortura y las piernas de cargaron muchísimo. Creo que no sufría así en un descenso desde Cotopaxi 2011 o Chimborazo 2015y estanmos hablando de picos de 6000 metros. O sea, ojito con el Gran Paradiso en express porque la rápida aclimatación puede jugarte una mala pasada.

    Después de pagar el refugio y comer algo, seguimos con el largo descenso hasta el coche. El dolor de los cuadriceps bajó hasta los meniscos y gemelos. Finalmente, a las 14:00, a pleno y candente sol de junio, alcanzábamos el coche. Ahora tocaba ir a buscar un camping en el que plantar la tienda y organizar un poco todo el material, que había bajado metido de aquellas maneras en las mochilas.

    Escogimos el camping Gran Paradiso, que alberga un precioso bosque de abetos y por el que pasa un ruidoso río. Montar la tienda y organizar todo el material terminó por agotarnos las fuerzas. Sobre las 19:00 horas bajamos a Introd a cenar una merecida pizza en la Pizzeria Avalon, y tras este suculento manjar, tocaba dormir. Sin duda, hoy puedo afirmar que no he dormido tan bien en una tienda de campaña jamás.

    Hoy por la mañana todavía nos duele todo. Tenemos que decidir que hacemos todavía, pero pinta que nos vamos a ir a Courmayeur, a deleitarnos con las vistas del Mont Blanc, cima que ya conquistamos Marcos y yo en septiembre del año pasado. Veremos lo que nos depara el día, pero creo que nos merecemos algo de relax.

    DieQuito