• Día ordinario

    Tras haber aclimatado ayer hoy ha sido un día para recargar fuerzas en el camping, poner lavadoras, ordenar la furgoneta y dormitar. Ya por fin, cuando apretaba el hambre, hemos decidido mover e ir a comer a Chamonix.

    Le he preguntado a mi amigo Santi Hernández por un restaurante que me recomendó en su momento; en 2016, y que ya no recordaba. Él me ha dicho que era la mejor fondue savoyarde que recuerda: el restaurante en cuestión se llamaba La Potiniere.

    Lo cierto es que la fondue la siguen haciendo buenísima, no sé si igual que en el año 1999 pero al menos para chuparse los dedos.

    Después hemos ido a comprar al Super U de nuevo, esta vez con tiempo, y hemos vuelto al camping a seguir relajados. Mañana iremos a la Mar de Glace, volveremos a ganar altura, si el tiempo acompaña.

    Me quedo con esta canción para el día de hoy: Hard Sun de Eddie Vedder

    DieQuito

  • Empezamos la aclimatación

    Tras haber recuperado las fuerzas en el día de ayer, que lo pasamos al completo en el camping, hoy ha llegado el momento de ponerse las pilas y hemos madrugado para ir al Tacul. Sin embargo, no hemos madrugado lo suficiente porque aunque a las 8:30 estábamos en las taquillas del teleférico de le Aiguille Du Midi… no hemos podido subir a él hasta pasado el mediodía. Esto ya ha fastidiado por completo nuestros planes de subir el Tacul, pero no los de aclimatar.

    Tras alcanzar la Aiguille du Midi con el teleférico, nos hemos calzado los crampones para bajar por la imponente arista de Les Cósmiques. Aquí ya respirábamos a más de 3700m, así que nuestros cuerpos han comenzado a habituarse a la altitud.

    Hemos bajado a la Valeé Blanche, en donde hemos comido la pizza que nos sobró anoche a los pies del refugio de Les Cósmiques, donde dormiremos el sábado antes de poner rumbo a la cima del Mont Blanc, y hemos puesto rumbo a las laderas del Tacul, en donde queríamos examinar un paso comprometido en una grieta. Y menos mal, porque ha sido bastante peliagudo y en la madrugada del domingo tendremos que cruzarlo de noche…

    En estos lugares inhóspitos no hay nada como las canciones oníricas Marillion and the Positive Light: Estonia

    Después, lo hemos bajado rapelando y hemos regresado a la Aiguille du Midi porque el tiempo apremiaba ya que en teoría el último teleférico bajaba a las 17:00. Sin embargo, al llegar nos han comunicado que hasta las 19:30 podíamos esperar. Así que hemos seguido aclimatando.

    El problema ha venido luego, cuando hemos ido al Super U a comprar algo de víveres. Hemos entrado en el supermercado a las 8 menos 5, y cerraban a las 8. Solo teníamos que coger algunas cosas concretas y hemos supuesto que nos darían algo de cuartelillo para pagar… sin embargo a las 20:00 nos han pedido que abandonáramos el local… que ya era la hora. Hemos ido a la caja pero nos faltaba el agua mineral por coger, ¡y no nos dejaban! Alucinante… al final una señora se ha apiadado de nosotros y nos ha acercado unas botellas que tenía a mano, pero vaya modales y qué poca humanidad…

    Magret de canard, paciencia y a dormir, que a una que yo me sé le duele la cabeza del mal de altura.

    DieQuito

  • Campo base

    Al final, como lo planeado nunca sal pie de la letra. Salimos más tarde y llegamos más pronto. Marcos condujo hasta Beziers mientras yo hacía las veces de copiloto somnoliento aunque despierto. Después de esa parada, en la que llenamos el tanque, y con un sueño hasta los pies cogí yo el coche, bebida energética mediante. Núria dormía.

    Alrededor de 3 horas más tarde, Marcos se despertó. Yo hacia como un rato que estaba más concentrado en mantenerme despierto que en conducir: moviendo la cabeza al ritmo de la música, mordisqueándome los pellejos de los dedos y buceando en recuerdos agradables. Sonaba Strange Pleasures de Still Corners.

    Empezó a clarear levemente. Núria dormía.

    Con el alba, pasamos al tiempo verbal en presente. Por fin Marcos me ha dado el relevo y como el cuerpo le pedía café, hemos parado a desayunar en un área de servicio. Núria dormía.

    Después de eso, ni siquiera la cafeína me ha impedido pegar varias cabezadas llegando a Chamonix, lugar al que hemos llegado a las 8:30 de la mañana. Núria dormía (sí, la envidia me corroe porque yo no duermo en los medios de transporte)

    Instalar el camping siempre es un fastidio, sobre todo cuando llevas semejante cansancio encima, pero ha sido incluso peor porque después de levantar el campamento, nos han comunicado que ha habido un error y que solo podremos estar en esta parcela hasta el viernes. Gracias…

    Hemos dado un paseo buscando otros posibles emplazamiento, hemos leído un rato y hemos mirado con el catalejo hacia el glaciar del Mont Blanc.

    A mediodía hemos comido un plato de pasta y nos hemos cobrado la siesta que teníamos más que ganada por la paliza. Ha llovido un rato a media tarde, e incluso hemos puesto en duda ir a Chamonix, pero luego ha escampado y hemos cogido el autobús hasta el centro.

    No había mucho ambiente en las calles; quizás por la hora (20:30) o quizás por ser entresemana. En cualquier caso, al menos hemos cenado en nuestra pizzería preferida, la Paradisio.

    Y con esto a dormir, que mañana queremos subir a 4000m para comenzar la aclimatación.

    DieQuito

  • 1132 kilómetros de viaje por delante

    A Chamonix… hoy a las 18:45 pondremos rumbo a la ciudad alpina. Más de 1000 kms y 14 horas de coche tenemos por delante, así que nos toca armarnos de paciencia y pensar que a partir de mañana estaremos disfrutando de un ambiente alpino y de unos días de relax, tras la agitada primera parte del año.

    Vamos en la furgoneta camperizada de Marcos, con quien ya coroné el Montblanc de 2016, y recogeremos a su prima Núria en Barcelona; de hecho, su familia nos invita a cenar para coger fuerzas antes de seguir el camino. Calculo que sobre media noche estaremos saliendo de España por la Junquera, pero que no llegaremos hasta bien entrada la mañana a Chamonix, porque habrá que ir parando a descansar.

    El cielo está un poco nublado, pero esperemos que no nos acompañe la lluvia en el trayecto. Mañana os contaré los detalles y el timing para subir el Mont Blanc, en esta ocasión por los Cuatrolmiles.

    Comienzo mi cuarta aventura alpina con una canción cargada de ilusión y emoción contenida: canción Akira Kosemura DNA

    DieQuito

  • Mont Blanc 2019

    Queda menos de una semana para poner rumbo de nuevo al Mont Blanc, esta vez para subirlo por la Ruta de los Cuatromiles. Así que el lunes pondremos rumbo a Chamonix. Aquí os presento el logotipo de la aventura con una foto de la impresionante montaña a la que nos volveremos a enfrentar dentro de unos días, esperemos que de nuevo de forma exitosa. Atrás queda el mal sabor de boca del Cervino y es momento de ser optimistas. Dormiremos todos los días en una furgoneta menos la noche de cima, que pernoctaremos en el refugio de Les Cosmiques.

    Aún así, he de decir que llevo una tos terrible encima desde hace casi tres semanas y que me está impidiendo culminar la preparación de forma adecuada. Esperemos que eso no nos afecte a la hora de lograr nuestro objetivo.

    DieQuito

  • Bye, bye Beirut

    Bueno, y ha llegado el día de regresar, pero no sin antes cerrar unos asuntos de trabajo pendientes en Beirut, como visitar el hotel Le Gray. Esta noche hemos estado alojados en Le Bristol y el trato ha sido magnífico, aunque la habitación un poco pequeña. Aún así, por su céntrica situación le pongo una buena nota al alojamiento.ç

    En Le Gray me he enamorado por completo de su piscina en el rooftop. Una piscina infinita hecha casi íntegramente de cristal, no apta para los que padecen de vértigo. Además, las vistas del mar del fondo ponen la guinda. Es un hotel que combina además un estilo moderno-tech con una gran calidad de los materiales y una alta seguridad; ideal para altos cargos estatales.

    Y para terminar, hemos visitado el hotel Monroe, en donde hemos tenido la última reunión antes de partir hacia el aeropuerto. Ahora estamos en el aeropuerto de Fiumicino antes de volar a Barcelona y poner punto final a este viaje en el que el turismo y el trabajo han ido de la mano. A ver para cuándo la próxima aventura.

    DieQuito

  • Saida y Tyre

    Carretera y hacia el sur. La única zona de este pequeño país que nos falta por visitar es el sur, aunque Trípoli también se ha quedado en el tintero. La primera parada es Saida, en donde hemos visitado el Castillo de los Cruzados, una especie de fortaleza pirata todavía algo conservada que se encuentra rodeada por mar por los cuatro costados, tan solo un pequeño puente de piedra lo une con la tierra firme. Acto seguido nos hemos adentrado en el zoco de Saida, uno de esos que a mi me gustan, con un sinfín de arquerías, estrechos pasillos y tiendas tradicionales, aunque con la mala suerte de que en plena celebración de El Eid, todo estaba cerrado. Aún así he podido sacar buenas fotos y nos hemos tomado un té en un bar cargado de encanto.

    Después de nuevo autopista para llegar a Tyre, en donde hay una gran ciudad romana, con circo incluido, aunque en un estado de ruina bastante avanzado, por lo que ante la ausencia de sombras, más bien lo que hemos hecho ha sido recocernos con el sol libanés. Si os gustan los animales, aquí podréis ver un montón de lagartos, que son los verdaderos dueños de la ciudad en nuestros días.

    Para terminar la jornada hemos ido a la playa de Tyre, a comer unos kebab y a darnos un baño. El agua estaba fresquita todavía, pero se podía uno bañar tras la sensación de frío inicial. Tyre en mi opinión es una ciudad alejada de Beirut y sin mucho interés turístico, así que creo que no recomiendo la visita, salvo que haya mucho interés en visitar las ruinas romanas.

    Para despedirnos de Beirut hemos ido a Mar Mikhail, al Sud Restobar, a tomarnos unos cócteles y a Bohemians. Todos los días hay ambiente nocturno y es que, es una capital y las capitales nunca duermen.

    DieQuito

  • Cascada Baatara, los Cedros de Tannourine y Jeita Cave

    Además de ruinas milenarias y pueblos cargados de historia, el Libano también tiene riquezas naturales únicas como sus bosques de cedros o la cascada Baatara (foto superior).

    Nuestra jornada ha arrancado rumbo a la Jeita Cave, en la que lamentablemente no te dejan tomar fotografías. Este conjunto de cavernas está enclavado en un valle de difícil acceso relativamente cerca de la ciudad. Nada más legar te subes en un teleférico para llegar a la primera zona de grutas, que tiene un tamaño descomunal; desde le Gouffre de Cabrespine no había visto nada igual. Muy recomendable la visita a estas cuevas. Tras visitar estas cámaras, te montas en un trenecito que te baja a un segundo grupo de cuevas que se recorren por barco ya que la cueva está parcialmente inundada. Un experiencia preciosa. Aquí os dejó algunas fotos sacadas de internet porque no hubo forma de poder colar los teléfonos móviles. Más info en la web Jeita Grotto

    Cerca del mediodía, tras pasar más de una hora en este complejo, hemos proseguido camino, esta vez ya rumbo a la cascada de Baatara, que habíamos visto previamente en fotografía pero que no nos imaginábamos tan espectacular. En nuestras palabras, esas imágenes tenían que estar trucadas. Pero no. Es una cascada digna de un escenario de Avatar, con sus tres arcos, una altura de 100 metros y unas impresionantes bóvedas internas. Lo más alucinante además de la poca fiebre turística, es que en la feria nadie nos ha hablado de este lugar, ¡fue un conductor de Uber, hace un par de noches! En invierno por lo visto baja algo más de caudal, pero aún así, es un lugar impresionante.

    Para terminar el día hemos ido a visitar la reserva forestal de Tannourine, que contiene un bosque de Cedros. Hemos optado por el paseo de 40 minutos por sendero y hemos podido sentir la tranquilidad, disfrutar de las vistas y oler los cedros, como dice mi amigo Rudy. El cedro es el símbolo nacional y figura hasta en su enseña; además es el souvenir típico de este país.

    DieQuito

  • Deir el Qamar

    Al punto de la mañana íbamos de camino al norte, a la ciudad de Tripoli, cuando un amigo nos ha dicho que la ciudad se encontraba completamente cerrada por la celebración de El Eid, el fin del ayuno del Ramadán. Es una ciudad muy religiosa y por lo visto, se toman muy en serio y de forma muy entregada ese tipo de celebraciones. Lo mejor de todo es que todavía no habíamos salido de la ciudad así que media vuelta y hacia Deir El Qamar por recomendación de George.

    Hemos comido nada más llegar un riquísimo Tabliyek Taouk, muy recomendable, con pollo, patatas y coleslaw, en una terraza en la plaza central de la ciudad de Deir El Qamar. Esta ciudad está enclavada en unas colinas y contiene un conjunto histórico digno de visitar, sobre todo por la cercanía a la capital. Una vez allí, hemos visitado la plaza central, el edificio del ayuntamiento y el museo de cera que contiene las figuras más importantes que han visitado el emplazamiento.

    Tras pasar la tarde callejeando por travesías empredadas y casas antiguas de estilo medieval, que quizás sean más comunes en España pero que destaca mucho en el Libano.

    Para regresar, hemos cogido un taxi ilegal, un Toyota Corolla de tercera generación, de los años 70, que se caía a pedazos, y hemos llegado a nuestro alojamiento, el Hilton, con ese coche, y se les ha quedado una cara de sorpresa a los botones para alucinar.

    Para cerrar el día fuimos a tomar una cerveza con George a la zona de marcha de Hamra, otra de las áreas trendy de Beirut, aunque había menos ambiente que en Mar Mikhail, en nuestra opinión.

    DieQuito

     

     

  • De paseo por Gemaizeh

    La escalera templaria… la leyenda dice que contienen petroglifos con pistas sobre la localización exacta del Santo Grial.

    Ha llegado el turno para Gemaizeh, el barrio más bohemio y con más encanto de Beirut. En este barrio es donde se conservan la mayor parte de edificaciones antiguas de la ciudad, y además estás situado sobre unas colinas por lo que el barrio tiene un montón de calles con escalinatas, algunas de ellas pintadas de colores por los jóvenes de la ciudad.

    En sus calles están los lugares tradicionales de Beirut, las galerías de arte y muchas terrazas en las que sentarse a relajarse. Hay un rincón que me gustaría remarcar especialmente y es La escalera templaria, a las puertas de la mansión Sursock, una de las familias de origen bizantino con más historia de la ciudad. Dicen los lugareños más ancianos que esas escaleras, que rodean el muro de la mansión Sursock, contienen petroglifos con pistas sobre la localización exacta del Santo Grial.

    Ya por la noche nos fuimos a dar una vuelta por el barrio de moda, Mar Mikhail. Es el último día entero que pasamos en Beirut y hemos querido visitarlo a fondo, para llevarnos una buena idea de la ciudad y de sus gentes. En Mar Mikhail se encuentran todos los pubs y bares de cocktails de la ciudad, a los que acude toda la gente joven de la ciudad.

    DieQuito