Mer de Glace

No hay calentamiento global, claro

Hoy tocaba de nuevo día de ejercicio, aunque no en exceso, y por eso hemos decidido ir al glaciar de la Mar de Glace, al que se accede con un tren cremallera y luego con un leve paseo y una ferrata.

Antes de nada hemos tenido que cambiar de emplazamiento, así que hemos comenzado la mañana movidita. Después nos hemos llevado la furgoneta hasta el aparcamiento de la estación y hemos subido hasta cota 2000. Hoy no puede decirse que sirva como aclimatación pero como dice Marcos, al menos nos hemos movido algo.

Nada más llegar, y en menos de 1 km, comienzas un descenso por escaleras colgadas en la pared que te enciende pero bien. Hemos ido asegurando, porque Marcos sabe que soy “riesgo cero”, aunque sé que eso no existe. De todas formas, en escaleras tan aéreas siempre habría que asegurarse, al menos en ensamble, porque un vahído o desmayo, sería fatal.

Tras estos pasos, que nos han llevado casi 1 hora, hemos llegado al glaciar, que parecía una nevera. Desde el suelo se podía notar cómo subía un aire helador y pronto han sido necesarios los crampones para no perder el equilibrio. El hielo de miles de años es compacto, consistente y duro como el acero.

Hemos seguido avanzando hasta una zona que me recordaba mucho al planeta de Miller en Interstellar; seguro que Nolan se inspiró en lugares como este y una vez allí incluso hemos practicado la escalada en hielo.

Tampoco hemos podido estar mucho tiempo porque hoy había que levantar el nuevo cuartel, y además preparar la mochila, que mañana Marcos y yo subimos a Les Cósmiques, para atacar la cima del Mont Blanc en la madrugada del sábado al domingo.

Y como no podía ser de otra manera, la canción de hoy la saco de la película de Nolan:

DieQuito

 

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