• Primer día en Delhi (día 17)

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    La capital de la India me recibió con un día soleado como pocos, de esos sin ninguna nube que enturbie el lienzo azul.

    Por la mañana fui en Tuc Tuc (imagen 1) a la Embajada de España. El viaje resultó super divertido porque ese tipo de vehículos tiene un claxon muy cómico y porque traquetean como un tractor. Cada rotonda es una batalla de gladiadores por ver quién entra primero…

    En las inmediaciones de Pritviraj road, en donde se halla la misión diplomática española, se pueden ver buenos vehículos y es que la zona de las embajadas (imagen 2) presume de ser la más cara de toda la India en cuanto a alojamiento. También hay frondosos árboles que dan salud a esta gran urbe del monóxido de carbono.

    A mediodía me acerqué a la zona de Khan Market, en donde compré unos zapatos y una camisa de lino de estilo hindí, y para el atardecer decidí ir a la India Gate,(imagen 3).

    Allí conocí a dos chicas tibetanas residentes en Delhí desde hace años, que me invitaron a tomar un pic-nic/cena con ellas. Ya tengo dos amigas aquí y hoy hemos quedado para ir de compras.

    Por la noche, callejeando, llegué a la conclusión que Ridley Scott debió de veranear en esta ciudad poco antes de rodar Blade Runner (mi película fetiche), por la cantidad de neones (imagen 4, desde un ricksaw, e imagen 5) y también por los angostos pasillos comerciales que forman parte del laberinto de Pahar Ganj (imagen 6). Esperaba toparme con Deckard, Rachel o algún replicante en cualquier momento. Fue un paseo muy enriquecedor antes de acostarme.

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    Ayer se me pasó contar que la noche de mi llegada me sucedió un hecho bastante extraño. Tras dejar mi equipaje en el hotel, bajé a por una botella de agua y nada más pisar la calle, un chico joven que tendría veinte años, se rompió un fluorescente en la cabeza, al estilo de los faquires hindúes del Tu sí que vales… (Buscad el vídeo en Youtube, no tiene desperdicio) Me quedé petrificado, pero sin detenerme proseguí mi camino, con la esperanza de que el faquir no quisiera comprobar la resistencia de un hombre español…

    InDieQuito

  • Bidaa hau, namaste (día 16)

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    Un adiós en nepalí, y el hola en hindi me sirven para titular este artículo de transición.

    Antes de marcharme de Pokhara, me ofrecieron un ritual en casa de Bishnú con flores de la zona, arroz, yogur y un pañuelo de seda que me garantizaba buena suerte durante el viaje. Este artículo está dedicado a ellos, a dicha familia (imagen 1), como recompensa por su grata compañía durante mis días en Pokhara. Me despedí de esa ciudad pudiendo visualizar el Annapurna Range al completo con las primeras luces del alba (imagen 2).

    A primera hora de la mañana de ayer Raskumar y yo salimos rumbo a Kathmandú. Más de 6 horas por carreteras pseudo convencionales para recorrer 200 kms. En España, yendo alegre, puedes cubrir alrededor de 800 kms en el mismo tiempo.

    Llegamos sobre las 2 de la tarde a Kathmandú, ciudad multicolor que ya sé a qué me recuerda. A los que os gusten los videojuegos, seguro que conocéis el Metal Slug; pues el nivel de la fotografía (imagen 3) es un reflejo de la capital de Nepal. Kathmandú es muy similar en cuanto a desorden, número de puestos de fruta, reminiscencias de China y sobre todo por sus vehículos, que parecen haber sido sacados de la mente de un dibujante de comic.

    Fuimos a comer a Durbar Square, plaza repleta de edificios de alto valor histórico y en la cual había un mitin del partido (imagen 4). Sin entretenernos demasiado nos fuimos al aeropuerto, en donde me topé con la desafortunada noticia de que mi vuelo se había retrasado dos horas. Justo después, algo bueno, y es que mi equipaje tenía un sobrepeso de 9 kilos, irregularidad que salvé dándole 3 euros de propina al de la balanza.  En un vuelo en Europa me hubiese tocado facturar otra maleta o pagar alrededor de 200 euros, ¡pero esto es Asia!

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    Desde el cielo, aterrizando en medio la noche, Delhi era como un mar, como un océano de luz que se extendía en la oscuridad hasta más allá de donde podían ver los ojos. Por ende, el aeropuerto es desmesuradamente grande, quizás el más grande en el que he estado jamás.

    En la zona de maletas me hice amigo de unas canadienses, Alissa y Melissa, con las que compartí el taxi hasta el centro de la ciudad. Ese taxi cuesta alrededor de 18 euros, así que pagamos 6 euros cada uno y a funcionar. Casualmente, los tres íbamos a Pahar Ganj, y al final decidí quedarme en su mismo hotel, porque estaba francamente bien.

    La ciudad apuntó maneras en el primer viaje en taxi, con muchos árboles, edificios de corte imperial y grandes avenidas iluminadas. Sin embargo, ya sabéis lo que dicen: “por la noche, todos los gatos son pardos”. Ahora, escribiendo en el hotel a primera hora, sé que voy a tener en breves minutos el primer contacto diurno con la que será mi ciudad en los próximos meses. Hay nervios…

    Imagen 3: meristation

  • Turno para Delhi (día 15)

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    Hoy salgo para Kathmandú porque esta tarde embarcaré en un avión rumbo de Nueva Delhi, el verdadero motivo de esta historia.

    Antes de irme de la capital de Nepal visitaré Durbel Square y mañana habrá una publicación sobre ello que estará dedicada a la familia de Bishnú, que me ha acogido en su seno durante estos días de decepción tras la expedición fallida al Tharpu Chuli. Ahí se cerrará el capítulo Nepal.

    El sabor es agridulce porque aunque he conocido a gente maravillosa, como cito líneas arriba, no hay que olvidar la mala suerte del trekking.

    ¿Mala suerte? Quizás no. Parafraseando a aquel proverbio chino, quizás en el glaciar  me esperaba una enorme grieta de la que no hubiese salido jamás o una avalancha, mirad al pobre chico español que ha fallecido en el Manaslu esta semana.

    Lo que está claro es que hicimos  lo correcto no desafiando a aquella pared de roca suelta, porque ni siquiera hace falta hablar de muerte o lesión medular, una rotura de brazo o pierna que ya es un problema en cualquier lugar, puede tener consecuencias fatales en la montaña.

    Llegaré a Delhi alrededor de las 8 de la noche, cuando ya haya caído el sol, y me buscaré un hotel decente cerca de Khan Market. Acordes punjab, mucho curry y densos olores a especias me esperan al otro lado de la frontera.

    InDieQuito

    Imagen: forocoches