De Bujaruelo a la cima del Taillón (3h59′)

    Camping de Bujaruelo

En el Cervino va a ser primordial la velocidad; un pico en el que hay hacer tantos rápeles durante el descenso y con pasos tan técnicos requiere que se vaya ágil en los tramos sencillos. Por ello, subir al Pirineo a intentar hacer buenos tiempos es un excelente método de preparación para lo que queda de julio y agosto.

El Taillón fue el pico escogido para la jornada de ayer. Salí de Zaragoza antes de las 6:00 am y a las 7:15 me encontré con Alberto Bescós en Sabiñanigo, mi compañero de aventura en Toubkal 2014 y Chimborazo 2015, y en tantas otras muchas montañas del Pirineo. Los zaragozanos somos unos afortunados por tener el Pirineo a tiro de piedra y nunca lo valoramos lo suficiente.

A las 8:30 llegábamos al camping de Bujaruelo, en donde aparcamos el Endeavour y preparamos todos los bártulos para una excursión que se preveía tranquila. A las 8:43 cruzamos el puente y dimos comienzo a la caminata con un ritmo muy suave, pues eramos consciente de que el desnivel (1900 km) y la distancia (22-23 kms) no animaban a hacer heroicidades bajo el sol de julio.

Mas o menos en la mitad de las primeras zetas del sendero alcanzamos a un amplio grupo de montañeros porque un ganadero estaba subiendo a las vacas a pastar por el sendero de la ruta. Esto nos hizo perder unos 10 minutos, pero también nos dio alas porque conocimos a una pareja de segovianos que fueron nuestras liebres en cuanto adelantamos a la manada.

La chica iba delante y comenzó a imponer un ritmo apabullante, el chico con el que formaba tandem le iba siguiendo a unos 4 metros, yo seguía a ambos dos a una distancia de unos 5-6 metros y Alberto iba por detrás de mí a unos 6 metros también. Ahora que estamos en pleno Tour de Francia, me venía a la cabeza la subida a un puerto de montaña, cuando en el pelotón solo quedan ya los jefes de fila y todos van con el “ganchito” (En el argot ciclista, Ir con el gancho: cuando yendo a rueda vas al límite de tus posibilidades para no descolgarte). Yo desde luego iba al límite, alucinando con el paso que marcaba la de Segovia. De hecho, estuve a punto de ceder un par de veces, pero mi tozudez maña me mantuvo enganchado a “cola del pelotón”. Sabía que ese rendimiento nos iba a llevar a la cima mucho antes de lo previsto, que eran 5 horas de ruta inicialmente. Cuando llevábamos una media hora siguiendo la estela de la Sputnik, nos pusimos a liderar Alberto y yo, y al cabo de 15 minutos soltamos a la pareja definitivamente, no pudieron seguir el ritmo y llegamos al Puerto de Bujaruelo tras poco más de 90 minutos de caminata.

Subiendo la cascada que lleva al Refugio de Sarradets, Alberto comenzó a sufrir de calambres en el cuadriceps, y tras un par de paradas, concluyó que continuara solo, porque eso no se arreglaba en un rato. Subí ágil hasta la brecha de Rolando, y tras rodear el muro de roca enfilé hacia el Taillón. En el dedo mi reloj marcaba 3h 34″ y quedaba la última subida. Iba ya un poco cansado, pero me tocó correr un trecho para alcanzar la cima en el límite de las 4 horas: 3h 59″.

Cima!!!!!

Al bajar, más o menos a media hora de la cima, me topé con la pareja de segovianos, que me preguntaron qué camino había escogido, como si hubiera tomado un atajo para llegar antes a la cima… (?) jajajajja

Cerca del refugio, Alberto se encontraba bien y le animé a que subiera, que igual que él me había esperado allí porque tenía calambres, ahora podía esperarle yo pacientemente descansando. Él también hizo cima, así que el descenso, aunque largo, fue animado por tener otro tresmil en el bolsillo.

Termino con algunas fotos con filtros de la aplicación Pomelo

DieQuito

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