• El Naivedyam (día 92)

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    Como si de un ritual se tratase, prácticamente cada semana me junto con los becarios ICEX para ir a cenar al restaurante Naivedyam, que está escondido en un oscuro callejón de Hauz Kash Village.

    Lo mejor del restaurante además de su comida, es un precio ridículamente bajo. Con menos de tres euros sales del restaurante como si te hubieses comido una vaca, aunque eso es muy difícil en India, y más todavía en este restaurante que es exclusivo de comida vegetariana. Y según dicen los que me recomendaron el sitio es un restaurante especializado en comidas del sur de la India. Uno de los símbolos de aquellas regiones meridionales es la massala dosa y es muy probable que en este establecimiento se pueda comer la mejor dosa de toda Delhi.

    La decoración del local tiene un color negro predominante que se suaviza con cuadros de temática hindi y pequeños detalles en dorado. Si queréis comida a exótica a una calidad-precio de locura, Naivedyam es vuestro restaurante.

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  • Khan market (día 91)

    Khan-Market

    Para que os situéis, comenzaré diciendo que Khan Market es una de las calles más caras del mundo a la hora de alquilar un local. En concreto ocupa la posición 24 de la lista. De esta manera, es de esperar que los precios de sus tiendas no estén al alcance de todos los bolsillos, especialmente de los bolsillos indios.

    En esta lujosa área hay importantes franquicias como Nike, Levis o Tommy Hilfiger, pero también tiendas más pequeñas que se han hecho con un hueco en la prestigiosa calle comercial más cara del país.

    Hay varios restaurantes como el Blanco, el Amici, el Big Chill o el Khan Chacha, especializado en kebabs y que lleva muchos años de historia a sus espaldas. También está McDonalds, que no puede faltar en puntos tan neurálgicos, que además son transitados habitualmente por turistas.

    Yo suelo pasar con frecuencia por allí, porque la parada de metro que me deja más cerca de la Embajada es precisamente esa. Además, muchos días vamos por allí a comer; aunque somos conscientes de que pagamos un precio más europeizado, bien es cierto que la calidad de sus restaurantes no tiene parangón en el resto de la ciudad. Khan Market, otro pequeño trozo de Europa en Nueva Delhi.

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    Imagen: mid-day

  • Jodhpur, la ciudad azul (día 90)

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    El viaje desde Jaisalmer hasta Jodhpur fue todavía más duro si cabe porque tuvimos que comprar billetes en la peor clase de todas. En los ferrocarriles de la India hay primera clase, segunda y tercera, y luego está ya el sleeper, que por no tener no tiene ni ventanas, y tienes tablas forradas que hacen las veces de asientos. Fueron más de 5 horas en tren en las que se me quedó el trasero más dolorido que después del paseo en camello.

    La estación de Jodhpur estaba atestada de gente durmiendo en el suelo y muchos olores que se te metían hasta el cerebelo. Fue una viva imagen de la miseria que hay en algunas regiones de la India. Al poco de instalarnos en nuestro modesto hotel, caímos en un profundo sopor que nos guió hasta nuestros camastros sin mucha resistencia por parte de ninguno de nosotros.

    Alrededor de las 7 hemos abierto los ojos y hemos subido a desayunar en la azotea del hotel, desde la cual nos hemos dado cuenta de que Jodhpur no es tan azul como nos la habían pintado. También hemos observado el imponente Fuerte de Mehrangargh, que se erigía prácticamente sobre nuestras cabezas (imagen 1). El fuerte destaca sobre todo por sus vistas, ya que el museo repleto de objetos de la nobleza india no tiene nada que sea especialmente remarcable. Desde allí arriba vimos una zona de la ciudad conocida como la Blue city, que sí acumulaba muchas viviendas de color azul así que decidimos que ese sería nuestro próximo destino.

    No fue difícil encontrar preciosos rincones cargados del color característico de Jodhpur (imágenes 2 y 3). Algunas casas se pintaban de este color para dejar claro que pertenecían a una familia de la casta Brahman, aunque también porque dicho color ahuyenta a los mosquitos. Y hay que decir, que como en todas las ciudades de India, en la Blue City de Jodhpur abundan los ejemplares de ganado vacuno, como este toro de varios cientos de kilos que cortaba el paso en mitad de la calzada (imagen 4).

    Dentro de un par de horas saldremos hacía Nueva Delhi porque mañana es de nuevo día laborable. Termina pues la semana del Rajastán.

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  • El desierto del Thar (día 89)

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    El desierto del Thar está situado a unos 40 kms al este de Jaisalmer. Hasta allí nos acercamos ayer primero en un Jeep de los típicos del ejército y luego en un camello. En toda mi vida solo había montado una vez en un animal, y fue en un burro en Benalmádena, Málaga, con lo cual en esta ocasión fue muy excitante sobre todo por la altura del camello y por su exotismo.

    El paseo en camello terminaba en una especie de planicie que me recordaba a la sabana africana y tras juguetear un rato en las dunas como críos de guardería y ver el atardecer, cenamos a la orilla del fuego. En ese momento tan mágico tuvo lugar una charla muy existencialista sobre la magnitud del universo, teología y la humanidad. Estuvimos un rato viendo el cielo estrellado, intentando adivinar constelaciones y viendo hasta una docena de estrellas fugaces y finalmente nos dispusimos a dormir al raso.

    Algunos sonidos nos perturbaron el débil duermevela, pero si hay que remarcar algo destacable, eso fue el frío helador que caía sobre la llanura alrededor de las 5 de la madrugada. Este hecho me obligó a salir del catre en busca de una manta extra.

    Ya con los primeros rayos del alba nos hemos adentrado de nuevo en las dunas para ver un amanecer diferente. La suerte ha estado de nuestro lado y unas nubes puntuales le han dado los tonos rosados y anaranjados que necesita un amanecer que se precie.  Las dunas recortando el horizonte han hecho el resto para que nuestra cámara registrase una foto inolvidable.

    Esta tarde ponemos rumbo en tren a la ciudad azul, Jodhpur, que cerrará mi ciclo de viajes por el Rajastán después de haber visitado la ciudad rosa, Jaipur, y la ciudad dorada, Jaisalmer, esta misma semana.

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  • Safari por el desierto (día 88)

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    Tras la visita del Fuerte de Jaisalmer durante la jornada de ayer, en la que  me quedé anonadado, hoy nos vamos a hacer un safari por el desierto. Camellos, Jeep de la armada con provisiones y jaima para dormir entre las dunas (a ser posible cerca de un oasis) son algunos de los actores protagonistas. Así de apetecible se presenta el plan para esta tarde, cuando haya bajado la intensidad del sol, que por estas tierras es pero que muy peleón.

    Antes iremos a dar una vuelta más por la ciudad dorada, al barrio de Patwon ki Haveli en busca de algún rincón de esos que parecen trasladarte a ti y a tu cámara al siglo XVI. También tengo que ir a una tienda de telares, para dar unos recuerdos muy especiales a su propietario de parte de unas amigas mías de Barcelona…aguardo poder encontrarle.

    Todavía no sé valorar la sensación que me ha provocado Jaisalmer, pero ya digo sin miedo a equivocarme que es lo que más me ha gustado de la India. Espero que el Taj Mahal no se ponga celoso.

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  • Fas-ci-na-do (día 87)

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    El viaje en tren fue, como era de esperar, un verdadero infierno. En la primera imagen podéis ver lo angostos que son los vagones de tercera clase de los ferrocarriles de la India. Las incontables paradas que realiza dicho tren y la falta de educación de mucha gente que habla a gritos a las tantas de madrugada no me permitieron dormir en condiciones y he llegado a Jaisalmer hecho un trapo. Pero la recompensa ha sido maravillosa y me ha dejado como reza el título del artículo: fascinado.

    El fuerte de esta ciudad es el único habitado de toda la India y en su interior viven unos 4.000 habitantes. En dicho monumento, que fue declarado patrimonio de la humanidad por la UNESCO, se cobijan hermosos edificios. Todos con su característico tono amarillento y sus trabajadas fachadas. Por algo es conocida como la Ciudad dorada.

    Desde arriba del fuerte se puede ver el resto de la ciudad rodeada por el desierto, que me recuerda a las típicas poblaciones de los países de oriente medio: con una fina capa de arena, construcciones bajas y callejuelas laberínticas.

    Los templos que véis en la imagen 4 son muy habituales en esta ciudad y están desperdigados por todos los alrededores. En concreto los de esta fotografía son los que coronan la colina que se erige delante de nuestro hotel.

    Un lugar muy diferente a todo lo que había visitado hasta el momento. Quizás por eso me ha dejado tan impactado.

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  • ¡Ahora a Jaisalmer! (día 86)

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    ¡18 horas de tren! Solo de imaginármelo me dan taquicardias. Nunca en mi vida ha hecho un viaje de tanta duración, ni siquiera en los vuelos con escala. Esta tarde dará comienzo el largo trayecto rumbo a una de las más remotas poblaciones del Rajastán, casi tocando con la frontera indo-paquistaní.

    Por lo que tengo entendido, ahora vamos a visitar el Rajastán puro. A diferencia de Jaipur, con más de 3 millones de habitantes, Jaisalmer tiene una población de 50.000 habitantes y está en medio del desierto.

    Me han adelantado que allí entre las dunas voy a contemplar el cielo estrellado más bonito que haya visto jamás. De eso se trata, de una nueva aventura con experiencias distintas. Tras los gélidos glaciares de montaña, las junglas y los bosques húmedos, ahora le toca el turno al desierto del Thar. Primera etapa del viaje: 921 kilómetros en tren indio.

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    Imagen: caryatra

  • Lorca conquista Delhi (día 85)

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    El Stein Auditorium del Habitat Centre de Nueva Delhi tuvo ayer una buena entrada en la obra teatral de Lorca “Así que pasen 5 años”. Unas 300 personas asistieron ayer a la actuación dirigida por la prestigiosa directora Kusum Haidar y en la cual colaboró la Embajada de España en India.

    La obra, que se escenificó en India por primera vez, es una de las más representativas del artista español. Una de las que cambió el teatro español en la década de los treinta.

    En la imagen podéis ver a uno de los actores protagonistas y desde aquí les recuerdo a mis lectores de Nueva Delhi que hoy tendrá lugar un nuevo pase a las 19:30 en el mismo emplazamiento, el Stein Auditorium del Habitat Centre.

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    Imagen: indianexpress

  • El Amber fort (día 84)

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    El Amber Fort está situado en lo alto de una de las escarpadas colinas que se levantan en los alrededores de la ciudad de Jaipur.

    Palacio y fortaleza al mismo tiempo, es una enorme mole de piedra y murallas que se combina con los preciosos acabados de los patios interiores. Se puede acceder a él con vehículo, a pie, o como es más divertido, con elefante, sin embargo, la larga cola que había que hacer para subirse a uno de los paquidermos nos hizo ser pragmáticos y decidimos subir con el coche.

    Desde arriba, las vistas de los fuertes circundantes y de la que bautizamos como la Gran Muralla India, y de esa vegetación de secano, hacen de este rincón del Rajastán uno de los más bonitos que he visto en la India.

    Hacia mediodía, muy conscientes del largo trayecto que nos esperaba hasta Delhi, abandonamos ese idílico lugar anclado en el pasado para embotellarnos en el automóvil.

    El viaje de día resultó mucho más divertido, por la cantidad de vehículos estrambóticos que pudimos ver, aunque también casi nos dio un ataque al corazón en más de una ocasión, al ver los temerarios adelantamientos y cambios de carril del psicodriver Rajú. Esto es el tráfico de la India y hay que acostumbrarse a su modo de vida (imágenes 2 y 3). Así pues, solo tengo palabras de agradecimiento para la agencia de alquiler de coches La India Increíble, por su excelente gestión y servicio.

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    Hoy toca de nuevo trabajar y así será hasta el miércoles, cuando volveré a poner rumbo al Rajastán, pero esta vez en un tren con final en Jaisalmer.

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    Imagen 1: rajasthan-tour-packages

  • Primer día en Jaipur (día 83)

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    Nuestro primer destino en Jaipur fue el área conocida como la ciudad rosa. Allí nos topamos nada más bajar del vehículo con la fachada del Palacio de los Vientos. Preciosa, aunque también es cierto que me la esperaba un poco más grande. Nos adentramos en dicho edificio cuyo nombre real es Hawa Mahal y con la ayuda de un guía fuimos visitando todos sus corredores.

    Las estancias, pasillos y terrazas están sembradas de arcos, celosías y detalles escultóricos. Todo el conjunto lo convierte en una cita obligada para los turistas de Jaipur. Entre las curiosidades que nos contó el guía destacaría que en la piscina central se congregaban casi 200 mujeres y que el Palacio de los Vientos era conocido por ese nombre porque sus paredes albergan 953 ventanas que generan infinitas corrientes de aire.

    Tras esta visita cultural callejeamos por los bazares de Badi Chaupar regateando como fenicios a todos los comerciantes. El comercio es una actividad fundamental en la India y en su práctica también se halla la búsqueda de la esencia de este país. Antes de comer, encontramos un patio precioso alejado del mundanal ruido de las calles. Lo más curioso de ello es que no vimos a ni un solo turista adentrarse en él durante los 20 minutos que estuvimos allí relajándonos.

    Por la tarde subimos hasta el Nahargarh Fort en donde presenciamos una preciosa puesta de sol de las que se quedan para siempre en los archivos cerebrales. Toda la ciudad de Jaipur, que se perdía en la inmensidad bajo nuestros pies, se fue poco a poco sumiendo en una oscuridad que apenas se contrarrestó con los tímidos farolillos de su laberinto de callejas y travesías.

    Finalmente cenamos en el restaurante Niro´s, que lleva más de 60 años sirviendo al hambriento turista de Jaipur y para terminar la noche fuimos a la terraza de el Hotel Clarks Amer, en donde nos tomamos tan solo una copa, cansados por el ajetreo del primer día por la capital del Rajastán.

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