• Regreso a Rabat (día 4)

    Anoche fuimos primero al Hotel VillaBlanca, situado cerca del mar y con un M6, Ferraris, Mustangs y demás joyas de la automoción aparcadas en la puerta. Dentro había fiesta privada y nos tuvimos que quedar en la zona de copas, donde nos pegaron buenos sablazos.

    Después bajamos al V-Club, que por muchos motivos me recordó a las grandes discotecas de Nueva Delhi como Lap, Kitty Su o Ludus. Nos hicieron pagar impuesto de occidentales en la entrada y dentro por los cubatas nos soltaron unas hostias… Al menos, había buena performance con gente disfrazada, música actual y un gran ambiente. Como curiosidad, no sabían lo que era el ron… (por lo visto aquí nadie bebe eso) y finalmente nos pusieron ron blanco… auténticos cubalibres.

    Nos quedamos hasta el cierre y eso que hoy teníamos un viaje de los largos. Estamos apurando lo que nos queda de juventud, supongo.

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    Hoy hemos amanecido tarde… y nos hemos ido a Rabat desanimados y cansados por el ritmo de los últimos 3 días. Visitamos Rabat solo por el hecho de que hay que volar desde esa ciudad, porque la capital de Marruecos no tiene muchas cosas interesantes.

    El viaje en tren ha durado poco más de una hora y tras llegar nos ha costado mucho encontrar un sitio para comer. Ibamos a ir al Dinarjat, pero estaba cerrado, y así ha sido con los otros dos restaurantes tradicionales a los que hemos intentado ir. Al final hemos comido en un sitio turístico al lado del mar. Caro y simplón, pero el hambre gobernaba nuestros cerebros.

    Allí ha acudido Claudia, otra medio maellana viajera empedernida que lleva un tiempo viviendo en Rabat. Después hemos ido juntos al fuerte de los Oudayas, que es más bonito por las callejuelas azules que por el propio fuerte en sí.

    En la calle Souika hemos visitado el zoco de Rabat y allí sí que hemos comprado un montón de recuerdos. El zoco estaba tan atestado de gente que se ha producido un atasco del que no se podía salir. Incluso la marabunta de gente amenazaba con derribar los puestecillos ante la indignación de sus propietarios. Muy cómico todo.

    Ahora estamos en el aeropuerto esperando para embarcar. Llegaremos a Madrid sobre la medianoche y entonces nos queda un largo viaje de 4 horas en autobús hasta Zaragoza. Y mañana es día de trabajo… uffff

    DieQuito

     

  • Casablanca (día 3)

    Comencemos antes de nada por la noche de ayer. Llegamos al Felix Club y en la puerta nos pidieron 100 dirhams por cabeza. Los pagamos y al entrar nos encontramos con un local en el que no había ni un alma. Los sillones, la luz, la decoración… todo era bastante acertado, pero sin embargo faltaba algo esencial, la gente. Nos sentimos estafados habiendo pagado 10 euros por entrar allí, y nos acercamos a pedir la consumición a la barra.

    Tras un largo rato de espera, como más de una hora, incluso en el que yo acabé durmiéndome en uno de los sofás, la cosa se empezó a animar y la gente hizo acto de presencia, por goteo al principio y de forma más numerosa hacia la 1 y media de la mañana. El local seguía estando medio vacío, pero la pista tenía movimiento. Yo me animé a bailar dancehall y algo de pop en árabe. Incluso bailé con una simpática chica llamada Kawtar.

    Sin embargo, a las 3 nos fuimos de allí porque la noche no daba para más, estábamos exhaustos y al día siguiente nos esperaba un largo viaje hasta Casablanca.

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    Por la mañana hemos disfrutado de un copioso aunque poco sabroso desayuno en el Riad antes de ir a la estación. Hay que tener en cuenta que teníamos por delante 4 horas de tren hasta Casablanca, y que no se puede conseguir comida más allá de frutos secos en el convoy.

    El viaje se ha hecho interminable y hasta las 3 de la tarde no hemos llegado a nuestro destino. Casablanca es una ciudad moderna y fiestera, una mezcla de Málaga y Marbella, con más de tres millones de habitantes y en la que abundan los coches caros y la vida nocturna.

    El apartamento estaba decente, esta vez sí y no como en Rabat. Una vivienda con muchas habitaciones, limpia, y con un cuarto de baño decente. Después de dejar las maletas nos hemos ido al zoco de Casablanca, a seguir regateando con comerciantes marroquíes. Estamos hechos unos consumistas.

    Para ver el atardecer, que se disfruta de cara al mar en esta ciudad de Marruecos, hemos escogido el Umayya, un fumadero de shisha para la gente rica de Casablanca situado muy cerca del faro. El nivel del lugar es alto, igual de alto que el montante final de la dolorosa, pero bueno, hemos saboreado unos buenos Oportos y unos Cosmopolitan, además de una shisha de manzana-menta.

    Antes de regresar al apartamento hemos ido a cenar a la Sqala, otro restaurante impresionante situado en un antiguo fuerte pirata y en el que he comido un pescado recién pescado y un postre alucinante hecho con leche condensada.

    Ahora estamos en el apartamento, en el turno de las duchas, antes de salir a por la noche de Casablanca. Dicen que los sábados se lía una buena en el V-Club.

    DieQuito

  • Ya en Rabat (día 1)

    Hemos aterrizado hace apenas 3 horas y ya nos disponemos a acostarnos. El avión ha aterrizado de forma muy brusca, tanto que se ha quedado de lado unos instantes… Mirad que he volado veces y nunca en mi vida me había sucedido nada semejante.

    La única sala potable del apartamento.

    El aeropuerto de Rabat Salé es casi tan pequeño como el de Zaragoza y eso es mucho decir para toda una capital de un país. Además, las colas de seguridad funcionan de forma muy poco eficiente. Entre pitos y flautas hemos perdido casi una hora en el aeropuerto.

    Nada más salir, hemos conseguido un taxista barato pero que simulaba no conocer la ciudad para cobrarnos un plus. El problema es que sin roaming no había manera de ponerle el mapita al conductor. Tenía unos mapas impresos y eso nos ha servido de ayuda para encontrar la zona, aunque la calle del apartamento estaba mal puesta en el mapa, por lo que nos ha costado un buen rato situarnos, encontrar la puerta y finalmente el apartamento.

    El sitio era un agujero, acorde con su precio, claro está. Hemos dejado las maletas y sin perder más tiempo hemos ido raudos al restaurante Dar Naji (ver galería abajo), que tiene una decoración preciosa, aunque a las horas que eran, las diez pasadas, su carta era ridícula. Es más, el camarero solo nos podía ofrecer tayín de pollo y tayín de ternera. Fin.

    Estábamos hambrientos y tampoco nos parecían malas opciones. El tayín de ternera con huevos, sésamo y ciruelas ha sido una maravilla. El de pollo con matices cítricos, patatas y olivas era un poco más terrenal. ¿Postre? No hay postre, lo sentimos. Sorprendente pero cierto. Nos hemos ido del restaurante con hambre y sintiéndonos un poco mal atendidos, aunque reconocemos que la hora ha sido un poco extraña para cenar en un país como Marruecos. Que no es España. Nos apagamos ya, que mañana tenemos un viaje en tren hasta Fez.

    DieQuito

  • Escapada a Marruecos

    Ya estuve en el país vecino hace 3 años, ascendiendo el Toubkal y visitando Marrakech, lo que viene siendo el sur de el país. El 9 de marzo me volveré a escapar a este país exótico pero en esta ocasión para visitar el norte: la capital Rabat, la legendaria Fez (en la imagen) y la moderna Casablanca.

    Serán solo 4 jornadas, pero de nuevo servirá de vía de escape para coger aire hasta los viajes del verano.

    DieQuito